Cuando el viento da a babor
rola el barco hacia poniente,
del timón está pendiente
el sufrido pescador.
Mira al cielo con furor
maldiciendo la tormenta
que se acerca y ya revienta
en un tremendo aguacero,
aunque gime lastimero
una esperanza le alienta.
A rumbos equidistantes
la estrella polar señala,
a la buena o a la mala
escogen los navegantes.
Si se equivocan, errantes
navegaran por las aguas
tormentosas sin paraguas.
Van a puerto si no fallan
y allí en sus mujeres hallan
el calor de sus enaguas.
Se nos suele repetir
en la vida mil consejos,
cuando llegamos a viejos
los volvemos a decir.
No olvidemos que el oir
a menudo la sentencia
blindará nuestra conciencia
y apartará la atención
del disfrute y emoción
de actuar con inocencia.
Los momentos, los instantes
que perduran en la mente
son aquellos solamente
que nos marcan fulgurantes.
Quizás sueños delirantes,
un accidente, un desastre,
la buena idea que encastre
con las memorias felices
y sin molestos deslices
al éxtasis nos arrastre.
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