Ladime Volcán
Poeta que considera el portal su segunda casa
La vida me alecciona
-Pero al parecer he embrutecido-
Y es que el amor no acondiciona,
lo que nos da el sentido
La razón sólo razona
Cumpliendo a bien su cometido.
El corazón late, y joroba
El pensamiento en fugitivo
Y es así, como todo distorsiona,
en este ser que se declara vencido
Nube gris y pasajera,
me enseñas hoy, que eras capricho del viento;
y pensar que eras quimera,
de mis más hermosos sentimientos
Flotas libre, ya te marchas
Mas te quedaste tanto tiempo,
que pensé que te amarraba
como oasis al desierto
Soledad, siempre te empeñas, en buscarme
y-para mi pesar- siempre me encuentras;
y siempre, así gran pena me causes,
regocijas tu momento, aumentando mi condena.
Está bien, continúa e incrementa el cause
de este dolor que me cercena.
Bienvenida, ¡adelante!,
hoy solamente somos tú y yo a casa llena
Que miras, ¿mis lágrimas?...
No me harás creer que las veneras;
no me cuentes tampoco de tus dádivas
que no imploraré tus limosnas, ¿a qué esperas?,
haz lo que viniste a hacer,
destrúyeme si es acaso tu faena.
No me importa ya luchar, si ha de vencer,
un amor que se guarda ante mi pena
Capricho, seguramente fue capricho;
pero no me importa ya lo que haya sido,
si de vuelta desdigo lo que he dicho,
que prefiero la muerte, al dolor enceguecido,
de sentirme ilusionada y en entredicho,
por las razones de un ególatra perdido
-Pero al parecer he embrutecido-
Y es que el amor no acondiciona,
lo que nos da el sentido
La razón sólo razona
Cumpliendo a bien su cometido.
El corazón late, y joroba
El pensamiento en fugitivo
Y es así, como todo distorsiona,
en este ser que se declara vencido
Nube gris y pasajera,
me enseñas hoy, que eras capricho del viento;
y pensar que eras quimera,
de mis más hermosos sentimientos
Flotas libre, ya te marchas
Mas te quedaste tanto tiempo,
que pensé que te amarraba
como oasis al desierto
Soledad, siempre te empeñas, en buscarme
y-para mi pesar- siempre me encuentras;
y siempre, así gran pena me causes,
regocijas tu momento, aumentando mi condena.
Está bien, continúa e incrementa el cause
de este dolor que me cercena.
Bienvenida, ¡adelante!,
hoy solamente somos tú y yo a casa llena
Que miras, ¿mis lágrimas?...
No me harás creer que las veneras;
no me cuentes tampoco de tus dádivas
que no imploraré tus limosnas, ¿a qué esperas?,
haz lo que viniste a hacer,
destrúyeme si es acaso tu faena.
No me importa ya luchar, si ha de vencer,
un amor que se guarda ante mi pena
Capricho, seguramente fue capricho;
pero no me importa ya lo que haya sido,
si de vuelta desdigo lo que he dicho,
que prefiero la muerte, al dolor enceguecido,
de sentirme ilusionada y en entredicho,
por las razones de un ególatra perdido
::::
:: como tú dices.::
:: Te quiero mucho,::