La tortuga de cemento
se vino desde la plaza,
me siguió con pasos duros
y con un lomo de plata.
La tortuga de cemento
se vino con lenta marcha
desenredando las horas
de esa gloriosa mañana.
La tortuga de cemento
se robó mi caminata
entre las flores del prado
y las lagunas de plata.
Retumbó todos los pórticos
a la entrada de mi casa.
Y soñó con mi soñar
cuando el sol me columpiaba
y quise cortar las nubes,
las que estaban más lejanas;
y permaneció escondida
en rincones de mi casa.
La tortuga de cemento
está de bajo la cama
y la cuido desde siempre
sin que la vea mi mama.
La tortuga de cemento
me sigue por la mañana
con sus pasos arrugados
y todos quieren montarla:
ella los mira con ojos
pétreos y largas pestañas
y me acepta como dueño
de todas sus esperanzas.
La tortuga de cemento
se marchó de madrugada,
se fue sin ningún aviso;
no me dijo ni palabra,
tal vez persiguió las luces
que entraban por la mañana
y se dibuje en la aurora
de una abigarrada plaza.
Tantas veces la busqué
como a mi sombra cercana,
y me fui tejiendo sueños,
y fui devanando infancias
pero sus pasos tan duros
ya no dibujaron marcas.
La tortuga de cemento
se marchó de madrugada
y quise llorar mil veces
su tan increíble marcha,
el mundo me convenció:
¡mi crecer hizo alejarla!