Chepeleon Arguello
Poeta veterano en el Portal
Hacia luz se encaminara
en busca de la oscuridad
en busca de la oscuridad
¡Arrurú mi niño! ¡Arrurú mi amor !
Y mientras entona con candor y vehemencia
esta canción de cuna,
con sus dos manos de madre primeriza,
acariciaba la continuación de su vida
que en su vientre juvenil retozaba.
Imperceptible para el tiempo,
un suave batir de alas;
Lucifer, anuncia a la mujer su presencia.
Sombras en las cuatro esquinas del nuevo día,
mientras una corte de Ángeles, bajo su reflejo,
recitan interminables himnos que alaban su grandeza.
¡Lucifer! ¡Lucifer!
¡Estrella radiante!
¡Lucifer! ¡Lucifer!
¡Estrella omnipotente!
¡Lucifer! ¡Lucifer!
¡Hijo de la perdición!
¡El gran pecador!
¡Dios se pierde en tu sombra!
Lucifer, susurra al oído de la madre
con desdeñó: profecías sobre el destino de su hijo.
Por una enésima de su tiempo
permite que su mirada de mísera humana
y mortal escuálida,
se encuentre con el futuro que le han preparado
a su criatura, reflejado en su rostro de Ángel caído.
Sus ojos de madre reconocen con ternura
el perfil de su hijo;
una triste sombra de destrucción y miseria
en sus ojos de niño le ganan el cansancio,
la mirada fría de la muerte, gravada en la frente.
A su espalda, convertido en una sombra que eterniza
los silencios;
Lucifer, alimenta de maldad a su criatura.
El rostro grave, atento, en la preocupación del maestro.
El niño hecho hombre
se ahoga en sangre
sin haberla tocado.
Terrible futuro en las acciones de un hombre.
Antes de marcharse,
Lucifer, le pide a la madre mujer:
-¡Este realidad que tus ojos insignificantes visitaron,
es la predicción de mi tan esperado mundo.
Protege a mi hijo serás recompensada-.
En una décima de segundo
comprendió horrorizada el futuro de su criatura.
En la ilógica desesperación,
tomo un cuchillo y sin remordimiento
o sentimientos de culpa alguna;
-una vida a cambio de la humanidad-
Desgarro su vientre sin dolor,
-buscando como evitar el mal profetizado-,
sin saber que estaba siendo manipulada,
y que al desgarrar su vientre en el suicido:
un Ángel Caído transmuta hacia la carne.
La mujer cumplió lo profetizado
-Clavos para ataúd el suicido, pensó tardío-
El primer alimento que sorbió el recién nacido
fue la sangre de su madre.
Lucifer tomo a la mujer entre sus brazos y le dijo:
-Lo prometido es deuda:
Hacia luz en busca de la oscuridad será
tu recompensa.
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