Katerine
Poeta recién llegado
Tengo, en mis manos,
cristal que corta las tuyas.
Si te hieres, quizás, sea por eso, amor,
No porque no te quiera.
Mis manos son culpables de que tú sangres
Y también culpables de tu dolor.
¿Qué haré con ellas?
Manos cálidas, bajo una maldición
de cristales infames y crueles
Tengo, en mis labios,
cristal que corta los tuyos.
Por eso será que al besarlos, tú,
derramas un jugo rojo por ellos.
Ése es el precio de besarlos.
Y con ellos inscritos irá siempre un:
Te quiero.
¿Qué haré con ellos?
Mis labios calientes provocan tu deseo
y se queman sin tu beso,
más hieren fácil al morderte, mi amor.
No aceptarás el adiós que te he ofrecido
tantas veces mientras tu pasado y el mío
como roca y olas chocaban furiosas
No aceptarás mi renuncia a ti, y a nuestro deseo.
No aceptarás calmar tu ansia devoradora en otra.
Y mis manos y mis labios querrás para ti
porque enteros en ti, caben,
y son.
Aunque corten ellas
Aunque hieran ellos
Tú los quieres para ti.
cristal que corta las tuyas.
Si te hieres, quizás, sea por eso, amor,
No porque no te quiera.
Mis manos son culpables de que tú sangres
Y también culpables de tu dolor.
¿Qué haré con ellas?
Manos cálidas, bajo una maldición
de cristales infames y crueles
Tengo, en mis labios,
cristal que corta los tuyos.
Por eso será que al besarlos, tú,
derramas un jugo rojo por ellos.
Ése es el precio de besarlos.
Y con ellos inscritos irá siempre un:
Te quiero.
¿Qué haré con ellos?
Mis labios calientes provocan tu deseo
y se queman sin tu beso,
más hieren fácil al morderte, mi amor.
No aceptarás el adiós que te he ofrecido
tantas veces mientras tu pasado y el mío
como roca y olas chocaban furiosas
No aceptarás mi renuncia a ti, y a nuestro deseo.
No aceptarás calmar tu ansia devoradora en otra.
Y mis manos y mis labios querrás para ti
porque enteros en ti, caben,
y son.
Aunque corten ellas
Aunque hieran ellos
Tú los quieres para ti.