legendario
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando cerré tus ojos a lo eterno,
sentí en el pecho las melancolías,
que habrías de bajar hasta el infierno,
y levantarte ileso a pocos días.
Se desmembró mi ser con tu partida,
se descompuso mi alma en lo profundo;
mi vida fue tu muerte compartida,
paradoja habitual en este mundo.
El cuerpo tembloroso, labios mudos,
hincado el corazón por mil abrojos,
y la garganta sofocada en nudos,
exprimieron al máximo mis ojos.
Atardeció mi día en el ocaso
de tu vida frugal, tu calendario;
y pensé que la muerte no es fracaso,
tan sólo de la vida, un corolario.
Sanadas las heridas padre amado,
te recuerdo cabal, en pleno vuelo
y te presiento sobrio, encaramado
en nubes del edén, allá en el cielo.
sentí en el pecho las melancolías,
que habrías de bajar hasta el infierno,
y levantarte ileso a pocos días.
Se desmembró mi ser con tu partida,
se descompuso mi alma en lo profundo;
mi vida fue tu muerte compartida,
paradoja habitual en este mundo.
El cuerpo tembloroso, labios mudos,
hincado el corazón por mil abrojos,
y la garganta sofocada en nudos,
exprimieron al máximo mis ojos.
Atardeció mi día en el ocaso
de tu vida frugal, tu calendario;
y pensé que la muerte no es fracaso,
tan sólo de la vida, un corolario.
Sanadas las heridas padre amado,
te recuerdo cabal, en pleno vuelo
y te presiento sobrio, encaramado
en nubes del edén, allá en el cielo.