Katerine
Poeta recién llegado
Quedaba poca vida, tan poca, tan poca,
como en un crucifijo, con el dios casi muerto.
Y sangrando, su corazón, y sus venas
refugio buscó en lo sagrado de la entrega:
Un sofá, para caer rendida tras la toma
y un teléfono para avisar quién dentro estaba.
El no ser, y el no volver, por su mente pasaban.
Para siempre partir de esta infame y cruel suerte,
del dolor del amor y de las voces amargas
que de noche escuchaba cuando el sueño buscaba.
Los que saben buscaron la manera infinita
de volverla a la vida, de resucitar su cuerpo.
Sin pedirle permiso, por tan grande ironía
regresaron su mente al infierno poseso.
Y qué poco sentía la niña suicida
de volverse a juntar en el mundo girando.
De volver a mirar con la misma tristeza
rostros conocidos y el que siempre se ausenta...
Van pasando los años, y la muerte no viene.
Es buscada y forzada, más su paso detiene.
Es altiva y se lleva a quien sólo ella quiere:
La lección aprendida de la niña y la muerte.
como en un crucifijo, con el dios casi muerto.
Y sangrando, su corazón, y sus venas
refugio buscó en lo sagrado de la entrega:
Un sofá, para caer rendida tras la toma
y un teléfono para avisar quién dentro estaba.
El no ser, y el no volver, por su mente pasaban.
Para siempre partir de esta infame y cruel suerte,
del dolor del amor y de las voces amargas
que de noche escuchaba cuando el sueño buscaba.
Los que saben buscaron la manera infinita
de volverla a la vida, de resucitar su cuerpo.
Sin pedirle permiso, por tan grande ironía
regresaron su mente al infierno poseso.
Y qué poco sentía la niña suicida
de volverse a juntar en el mundo girando.
De volver a mirar con la misma tristeza
rostros conocidos y el que siempre se ausenta...
Van pasando los años, y la muerte no viene.
Es buscada y forzada, más su paso detiene.
Es altiva y se lleva a quien sólo ella quiere:
La lección aprendida de la niña y la muerte.