100° C

seso

Poeta asiduo al portal
100° C


Se le va el alma
en nubes y paraelevadas,
en ondulados caminos verticales
que el viento entrevera.
Se le va el alma
que es calidamente incontrolable,
incontrolablemente cálida,
que la única forma de atraparla
es no pensar en atraparla
sino contemplarla,
contemplar al espejismo
que no sabe en que transformarse,
es muy difícil,
si de repente en una casa
o en un columpio
o en una casa columpiándose,
y la sensación común de ser nube
termina enredándola en la curiosidad
de ver sus alas.
Ahora se ve como sube
por escaleras imaginarias,
va descalza,
desnuda,
insólita,
dando remolinos de ballet,
hasta habitar sueños
en puertas giratorias,
hasta retoñar en una ronda
de paisajes amarillos…
y claro, sin tanta prisa,
se le va el alma al agua,
se le va el alma que se ve.
 
100° C


Se le va el alma
en nubes y paraelevadas,
en ondulados caminos verticales
que el viento entrevera.
Se le va el alma
que es calidamente incontrolable,
incontrolablemente cálida,
que la única forma de atraparla
es no pensar en atraparla
sino contemplarla,
contemplar al espejismo
que no sabe en que transformarse,
es muy difícil,
si de repente en una casa
o en un columpio
o en una casa columpiándose,
y la sensación común de ser nube
termina enredándola en la curiosidad
de ver sus alas.
Ahora se ve como sube
por escaleras imaginarias,
va descalza,
desnuda,
insólita,
dando remolinos de ballet,
hasta habitar sueños
en puertas giratorias,
hasta retoñar en una ronda
de paisajes amarillos…
y claro, sin tanta prisa,
se le va el alma al agua,
se le va el alma que se ve.


Se le va el alma al agua
el agua se la va al mismo agua.

Muy bueno Seso.

Un placer.
 
Algunas cosas dan en un punto relacionado... el agua, el viento, las alas... totalmente onírico. Me encantó todo.
Un saludo.
 
El punto de ebullición hoy hizo girar las palabras y dejarlas como un remolino incrustadas en mi pálpito...muy bien desarrolada la idea...te felicito.

Un gran abracito y muchas estrellas a más de cien.!
 
100° C


Se le va el alma
en nubes y paraelevadas,
en ondulados caminos verticales
que el viento entrevera.
Se le va el alma
que es calidamente incontrolable,
incontrolablemente cálida,
que la única forma de atraparla
es no pensar en atraparla
sino contemplarla,
contemplar al espejismo
que no sabe en que transformarse,
es muy difícil,
si de repente en una casa
o en un columpio
o en una casa columpiándose,
y la sensación común de ser nube
termina enredándola en la curiosidad
de ver sus alas.
Ahora se ve como sube
por escaleras imaginarias,
va descalza,
desnuda,
insólita,
dando remolinos de ballet,
hasta habitar sueños
en puertas giratorias,
hasta retoñar en una ronda
de paisajes amarillos…
y claro, sin tanta prisa,
se le va el alma al agua,
se le va el alma que se ve.
 

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