Ictiandro
Poeta adicto al portal
En mi lecho duerme un sueño
que roba mis sábanas blancas.
Encuentro dispersa la niebla
de la noche en mi almohada
y este frío carencia de palabras.
Sobre la mesa un poema
hojas pálidas goteando el rocío
de cada verso mis ojos dormidos.
Abro persianas que saludan al sol,
la música de un silbido florece
cuando cabalgo sobre una estrella
que me llevará a tus atardeceres.
Sonámbulo de tu mirada lejana
despierto en lucha de pensarte,
verte deambular en penumbras
por tu habitación figurada
y cada sombra dibuja mariposas
posándose en tus ojos de mañana.
Mis huellas se pierden en la arena,
cada ola que la orilla besa
bajo mis pies deja una caricia
cual susurro de alas mitológicas
que vienen a rescatarme
del letargo de extrañarte siempre
con cada despertar que no estás
y el olor verde de tus amaneceres
que en mis ojos y sentidos vives.
En vida de no saber tus rumbos
busco el eco de tus párpados
en cada sonrisa y hálito de miel
donde las estaciones te suceden.
Sólo tengo un sueño acompañándome,
vino exquisito de la vid divina
de tus labios mi alma rescatando.
Inmensa de espíritu y cuerpo
dulcificas la paz que me conquista
cada centuria que te haces presencia
soñándote, queriéndote, amándote
que roba mis sábanas blancas.
Encuentro dispersa la niebla
de la noche en mi almohada
y este frío carencia de palabras.
Sobre la mesa un poema
hojas pálidas goteando el rocío
de cada verso mis ojos dormidos.
Abro persianas que saludan al sol,
la música de un silbido florece
cuando cabalgo sobre una estrella
que me llevará a tus atardeceres.
Sonámbulo de tu mirada lejana
despierto en lucha de pensarte,
verte deambular en penumbras
por tu habitación figurada
y cada sombra dibuja mariposas
posándose en tus ojos de mañana.
Mis huellas se pierden en la arena,
cada ola que la orilla besa
bajo mis pies deja una caricia
cual susurro de alas mitológicas
que vienen a rescatarme
del letargo de extrañarte siempre
con cada despertar que no estás
y el olor verde de tus amaneceres
que en mis ojos y sentidos vives.
En vida de no saber tus rumbos
busco el eco de tus párpados
en cada sonrisa y hálito de miel
donde las estaciones te suceden.
Sólo tengo un sueño acompañándome,
vino exquisito de la vid divina
de tus labios mi alma rescatando.
Inmensa de espíritu y cuerpo
dulcificas la paz que me conquista
cada centuria que te haces presencia
soñándote, queriéndote, amándote