CABEL
Poeta recién llegado
Por las azoteas calcinadas
de inveterada rutina,
un ocre, que no quema una nube
ni transita recuerdos,
abre en canal a la tarde
esgrimiendo jirones
de cielo duro
contra mis hombros.
¡Cuanta verdad anochecida
enturbia estos labios,
debe haber algo
que me impide
emular a los niños!
Pero hago acopio de sueños
sin una espina que los muerda,
sin un cansancio que se coma la carne,
sin el auto-complacido
escozor de la nostalgia.
Aquí y ahora,
me declaro devoto
de la diminuta luz invertida
que reflejan
los prodigios más cercanos
Creo en el viento
serenamente trabado
que acoge un mundo
y en los sonidos todos de la tierra
Entre el olvido y la luz,
solo hubo una puerta.
Detrás: el mismo cielo,
la misma tarde,
idénticas azoteas
pero más lucidez,
más instinto, más vida
de inveterada rutina,
un ocre, que no quema una nube
ni transita recuerdos,
abre en canal a la tarde
esgrimiendo jirones
de cielo duro
contra mis hombros.
¡Cuanta verdad anochecida
enturbia estos labios,
debe haber algo
que me impide
emular a los niños!
Pero hago acopio de sueños
sin una espina que los muerda,
sin un cansancio que se coma la carne,
sin el auto-complacido
escozor de la nostalgia.
Aquí y ahora,
me declaro devoto
de la diminuta luz invertida
que reflejan
los prodigios más cercanos
Creo en el viento
serenamente trabado
que acoge un mundo
y en los sonidos todos de la tierra
Entre el olvido y la luz,
solo hubo una puerta.
Detrás: el mismo cielo,
la misma tarde,
idénticas azoteas
pero más lucidez,
más instinto, más vida
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