Ladime Volcán
Poeta que considera el portal su segunda casa
I
De qué nos sirve la vida,
en la fatal agonía
de tener, a quien no más respira
los suspiros de nuestro corazón...
O a alguien con un montón de promesas,
que aún estando de rodillas,
no logran-para desgracia nuestra-
perturbarnos la razón;
mientras que el amor de nuestra vida,
reclinado está en su distante orilla,
masturbando -agazapado- su dolor...,
bebiendo de su difusa melancolía,
y emborrachando su ego en contraria dirección...
II
Ya no me basta que me mientas
ni me basta que te rindas;
simplemente..., no me basta,
lo que te basta a vos...
Soltadme por favor las riendas,
no abuséis más de este noble corazón;
no se trata ya de que me comprendas,
ni de que me pidas más perdón,
se trata de terminar esta contienda;
es hora de liberarnos y acabar este dolor...
III
No me faltes corazón,
acompáñame a encontrarle;
hace tiempo que llegó,
acelera, se nos hace tarde...
No te niegues corazón,
echa manos al coraje...
Sé que reminiscencias del dolor,
te atormentan y te baten...
¡No me faltes corazón!
No me falles...
Adelántate un pom, pom
que quizá yo ponga dos... ¡Mas no te rajes!
IV
Amor..., te devuelvo tus mentiras,
imposible sostenerlas más, detrás de mi sonrisa.
No te afanes, nada quiero...
Sería más fácil decir hasta luego,
mas no es lo que requiero.
Yo solamente vine a disculparme...
Pues prendido de aquel beso quedó el silencio;
y vine a devolverte, con mi carne,
el justo y merecido precio...
V
Si te metes con el santo,
mejor deja en paz a la limosna,
el santo perdona un tanto,
mas la alcancía guarda memoria...
VI
De los errores del pasado
puedes cometerlos todos,
de cualquier forma los he olvidado,
y perdonado, ¡total!, no había otro modo...
VII
Ciertamente, la luz que mejor ilumina,
viene desde nuestro interior...
Observa a un ciego cruzar la esquina,
¿su luz?..., determinación.
Observa a una madre sacar una espina,
¿su luz?..., amor.
Observa a un padre admirar una insignia,
¿su luz?..., admiración.
VIII
No temo por mí, su usía,
temo por mi sucesor...
Sé bien que esta vida no es mía,
le pertenece a El Creador...
Y sin duda, pagar condena impía,
por fungir como arrebatador
es pecado, que redimiría,
Cristo resucitador...
IX
Los recuerdos son pañuelos
que utiliza la razón...
Mojados en sentimientos
humedecen al corazón...
Causan pena o alegría,
dependiendo del estado de inflexión,
que ejerza supremacía
al momento de la evocación...
X
Loca he de ser por amarte tanto,
loca por no escapar de ti;
loca, por dejar que me envuelvas con tu encanto,
y soñar, que con soñarlo, lograría, a tu lado, ser feliz...
XI
No me tortures más
con las letras-que en pecado-
de tus labios no se han de pronunciar,
pero en mi piel dulcemente son bocado,
del que quiere, tu deseo, consumar...
No me lleves más allá,
del horizonte de tus penas...
Déjame- que aún sabiéndote insondable- yo deseo escudriñar,
la razón de esta interminable condena...
Y ámame, aunque sea solamente, para dejarte amar...
XII
A veces siento esta ansiedad y esta premura
por decirte lo mucho que te necesito y quiero;
pero a veces te reniego, y le lanzo piedras a la luna...
Mas en mi triste soledad, siempre yo espero;
Limítome a soñar, me llegues a querer como a ninguna.
Y me pregunto, si habrá en mi universo postrero,
algún ser tan especial,
como para compartir la fortuna
de amarme por ser igual,
sin más figuración alguna,
que amarme en forma total...
Por fuera por mi hermosura,
por dentro por mi espesura...
Pensativa, me siento en el cabezal de mis sueños,
contemplo: la cruz, la estaca, la urna...
Sometiendo a mis sentidos opuestos,
a la exposición de esta ardiente locura,
de amar al amor, sin más vericuetos,
y llegar al corazón con gran premura...
¡Qué la vida es un soplo y no es un cuento,
y termina, cuando menos se lo espera una!...
XIII
Yo quiero, y estoy dispuesta a renunciarte,
pues a tu amor no me sobrepongo;
no rindes cuentas, ni es tu gusto el anunciarte,
pero sin embargo, poco a poco-me supongo-
me estás llevando por el camino del desgaste...
Aquel donde, si no te encuentro te impongo;
pero a mi dolor lo llamas fraude,
porque crees que es en ti, donde todo toca fondo...
No me vengas con rodeos de compadre.
Ni me vengas con palabras de sofoco...
Pues sabes bien, que en mi piel tus versos arden,
y en mis pensamientos, son tus besos los que evoco...
No necesitas atarme, mas creo que sí, el cultivarme...
No confundas el amor, seguro y fiel, con que te toco,
con el lastimeramente peliagudo que confieres...
No se cultiva una rosa, para abandonarla en oscuro foso;
ni se abre una ventana para cerrar los ojos, porque luego le temieres...
XIV
Cuando cae y muere la tarde,
y en medio del silencio
se da la soledad por rendida,
se disparan, con todo lujo de detalles,
los recuerdos, el desprecio,
y cada una de las razones para tu partida...
No me torturo, es que aún arde,
el pensamiento-que necio-
aglutina la despedida...
Aun tus huellas hacen que estalle
la bolsa en el simple comercio,
de esta tristeza que llaman vida...
De qué nos sirve la vida,
en la fatal agonía
de tener, a quien no más respira
los suspiros de nuestro corazón...
O a alguien con un montón de promesas,
que aún estando de rodillas,
no logran-para desgracia nuestra-
perturbarnos la razón;
mientras que el amor de nuestra vida,
reclinado está en su distante orilla,
masturbando -agazapado- su dolor...,
bebiendo de su difusa melancolía,
y emborrachando su ego en contraria dirección...
II
Ya no me basta que me mientas
ni me basta que te rindas;
simplemente..., no me basta,
lo que te basta a vos...
Soltadme por favor las riendas,
no abuséis más de este noble corazón;
no se trata ya de que me comprendas,
ni de que me pidas más perdón,
se trata de terminar esta contienda;
es hora de liberarnos y acabar este dolor...
III
No me faltes corazón,
acompáñame a encontrarle;
hace tiempo que llegó,
acelera, se nos hace tarde...
No te niegues corazón,
echa manos al coraje...
Sé que reminiscencias del dolor,
te atormentan y te baten...
¡No me faltes corazón!
No me falles...
Adelántate un pom, pom
que quizá yo ponga dos... ¡Mas no te rajes!
IV
Amor..., te devuelvo tus mentiras,
imposible sostenerlas más, detrás de mi sonrisa.
No te afanes, nada quiero...
Sería más fácil decir hasta luego,
mas no es lo que requiero.
Yo solamente vine a disculparme...
Pues prendido de aquel beso quedó el silencio;
y vine a devolverte, con mi carne,
el justo y merecido precio...
V
Si te metes con el santo,
mejor deja en paz a la limosna,
el santo perdona un tanto,
mas la alcancía guarda memoria...
VI
De los errores del pasado
puedes cometerlos todos,
de cualquier forma los he olvidado,
y perdonado, ¡total!, no había otro modo...
VII
Ciertamente, la luz que mejor ilumina,
viene desde nuestro interior...
Observa a un ciego cruzar la esquina,
¿su luz?..., determinación.
Observa a una madre sacar una espina,
¿su luz?..., amor.
Observa a un padre admirar una insignia,
¿su luz?..., admiración.
VIII
No temo por mí, su usía,
temo por mi sucesor...
Sé bien que esta vida no es mía,
le pertenece a El Creador...
Y sin duda, pagar condena impía,
por fungir como arrebatador
es pecado, que redimiría,
Cristo resucitador...
IX
Los recuerdos son pañuelos
que utiliza la razón...
Mojados en sentimientos
humedecen al corazón...
Causan pena o alegría,
dependiendo del estado de inflexión,
que ejerza supremacía
al momento de la evocación...
X
Loca he de ser por amarte tanto,
loca por no escapar de ti;
loca, por dejar que me envuelvas con tu encanto,
y soñar, que con soñarlo, lograría, a tu lado, ser feliz...
XI
No me tortures más
con las letras-que en pecado-
de tus labios no se han de pronunciar,
pero en mi piel dulcemente son bocado,
del que quiere, tu deseo, consumar...
No me lleves más allá,
del horizonte de tus penas...
Déjame- que aún sabiéndote insondable- yo deseo escudriñar,
la razón de esta interminable condena...
Y ámame, aunque sea solamente, para dejarte amar...
XII
A veces siento esta ansiedad y esta premura
por decirte lo mucho que te necesito y quiero;
pero a veces te reniego, y le lanzo piedras a la luna...
Mas en mi triste soledad, siempre yo espero;
Limítome a soñar, me llegues a querer como a ninguna.
Y me pregunto, si habrá en mi universo postrero,
algún ser tan especial,
como para compartir la fortuna
de amarme por ser igual,
sin más figuración alguna,
que amarme en forma total...
Por fuera por mi hermosura,
por dentro por mi espesura...
Pensativa, me siento en el cabezal de mis sueños,
contemplo: la cruz, la estaca, la urna...
Sometiendo a mis sentidos opuestos,
a la exposición de esta ardiente locura,
de amar al amor, sin más vericuetos,
y llegar al corazón con gran premura...
¡Qué la vida es un soplo y no es un cuento,
y termina, cuando menos se lo espera una!...
XIII
Yo quiero, y estoy dispuesta a renunciarte,
pues a tu amor no me sobrepongo;
no rindes cuentas, ni es tu gusto el anunciarte,
pero sin embargo, poco a poco-me supongo-
me estás llevando por el camino del desgaste...
Aquel donde, si no te encuentro te impongo;
pero a mi dolor lo llamas fraude,
porque crees que es en ti, donde todo toca fondo...
No me vengas con rodeos de compadre.
Ni me vengas con palabras de sofoco...
Pues sabes bien, que en mi piel tus versos arden,
y en mis pensamientos, son tus besos los que evoco...
No necesitas atarme, mas creo que sí, el cultivarme...
No confundas el amor, seguro y fiel, con que te toco,
con el lastimeramente peliagudo que confieres...
No se cultiva una rosa, para abandonarla en oscuro foso;
ni se abre una ventana para cerrar los ojos, porque luego le temieres...
XIV
Cuando cae y muere la tarde,
y en medio del silencio
se da la soledad por rendida,
se disparan, con todo lujo de detalles,
los recuerdos, el desprecio,
y cada una de las razones para tu partida...
No me torturo, es que aún arde,
el pensamiento-que necio-
aglutina la despedida...
Aun tus huellas hacen que estalle
la bolsa en el simple comercio,
de esta tristeza que llaman vida...
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