Himinglaeva
Poeta que considera el portal su segunda casa
Seductor seducido
Llegaba el picaflor alardeando con su canto
y las flores más hermosas se lucían primorosas,
escogía del jardín, los Jazmines y los Nardos
entonando su canción, coqueteando de flor en flor.
Como un ritual sagrado sus dos alas agitaba
mientras en el aire danzaba, su largo pico
señalaba cual de todas sería la afortunada
a cual de ellas le haría el amor.
Su olor y su hermosura la Rosa le ofrecía
ocultando que en su tallo las espinas la cubrían.
Su brillantez y grandeza le ofrecía el Girasol
cuan imponente era su belleza, el Ave de Paraíso
sintiéndose una estrella no le importaba el Picaflor,
ella era una doncella.
La Margaritas sonrientes, acariciadas por la brisa
se mecían suavemente insinuando una caricia
deseando que el ruiseñor la llegara a poseer,
inundaban el jardín con sus aromas y risas.
Su blancura resplandecía, su fragancia se distinguía,
el Jazmín abiertamente su esencia le ofrecía,
el ruiseñor danzando, confundido y sin saber
a cual de las princesas del jardín, haría la reina de su querer.
Hasta que observó que debajo del viejo sauce
había una mágica flor, sorprendido quedó,
por su espectacular y única belleza
sus alas no respondían, sentía que iba de picada,
y en el estanque caería, las flores asustadas,
gritaron despavoridas el Picaflor retomo su vuelo
y danzó con muchas fuerzas.
Hacia la delicada Orquídea se acercó, mientras le danzaba,
el la miraba extasiado, y ella sin prestarle importancia.
Con su exótica belleza y falsa indiferencia fue que lo cautivó,
quedo enamorado el seductor Picaflor de la flor más hermosa
que Dios nos regaló.
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