guerrero verde
Poeta veterano en el portal.
Por la noche la veo.
Veo dos esferas con brillo frío
relinchar en el silencio.
La veo y por ello temo.
Siempre está silente como paloma al ocaso,
vívida como murciélago en el vacuo oscuro
de una velada que sea hace eterna.
La siento andar por el cuarto,
estrujar la madera húmeda
con sus pies descalzos.
La siento cerca y perturbada,
con los cabellos sueltos
y cuidadosamente ensangrentada.
La esquina de mi lecho se hunde
con los veintiún gramos de su alma.
Se hunde el medio con sus codos fúnebres.
Se hunde la almohada llena de soledad
con su cabeza y mi ansiedad.
Blanca y larga está a mi derecha,
está de espaldas con su llanto.
Su silueta es bella y sus caderas santas.
Está de espaldas a mi espanto
y la amenaza de voltear
corta el pulso de mi corazón vano.
Faltan dos horas para el alba,
ciento veinte minutos para su partir.
Falta y sigo muerto por su vientre,
por espantarla, por tenerla,
por dejar de ser su mártir.
Falta y aun no entiendo como amarla
si tiemblo al imaginar besarla.
Veo dos esferas con brillo frío
relinchar en el silencio.
La veo y por ello temo.
Siempre está silente como paloma al ocaso,
vívida como murciélago en el vacuo oscuro
de una velada que sea hace eterna.
La siento andar por el cuarto,
estrujar la madera húmeda
con sus pies descalzos.
La siento cerca y perturbada,
con los cabellos sueltos
y cuidadosamente ensangrentada.
La esquina de mi lecho se hunde
con los veintiún gramos de su alma.
Se hunde el medio con sus codos fúnebres.
Se hunde la almohada llena de soledad
con su cabeza y mi ansiedad.
Blanca y larga está a mi derecha,
está de espaldas con su llanto.
Su silueta es bella y sus caderas santas.
Está de espaldas a mi espanto
y la amenaza de voltear
corta el pulso de mi corazón vano.
Faltan dos horas para el alba,
ciento veinte minutos para su partir.
Falta y sigo muerto por su vientre,
por espantarla, por tenerla,
por dejar de ser su mártir.
Falta y aun no entiendo como amarla
si tiemblo al imaginar besarla.
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