A. Hidalgo
Poeta recién llegado
Me encontré
una señal en las aceras,
decía "no mires al suelo,
mira a tu alrededor".
Y avancé,
y ahora siempre me tropiezo,
pero nunca lanzo al viento
un mirar sin emoción.
Río!
Y en mi boca se deshacen
esos punzantes glaciares
de nuestra civilización.
Solos
nos parecen de cobardes
las patéticas verdades
que nos venden como amor.
Quiero
que me quieras como a nadie,
como nadie te ha querido,
como pueda querer yo.
Salen
de mis manos mil señales,
de mis ojos manantiales,
del reloj un chaparrón.
Miento
si te digo que no hay fecha
en la que se abrió la brecha
de mi humilde corazón.
Vivo!
Quiero irme de la espera,
quiero romper mis quimeras
y pintarlas de color.
Miedos
pueblan todas las ciudades
(miedos agrios, miedos acres)
de sonámbula ilusión.
Pierdo
toda falta de esperanzas,
gano a tiempos de añoranzas
viviendo el día de hoy.
Y hoy,
me he encerrado a recordarme
que todo puede ser un desastre
si no sé cuanto soy:
un reír de malabares,
el señor de mis lunares,
un verdugo del dolor,
un luchar de realidades,
un medidor de señales,
uno más, nunca mejor.
Adiós,
me alegra el haberte visto
aunque te parezca un niño
me despide el corazón.
una señal en las aceras,
decía "no mires al suelo,
mira a tu alrededor".
Y avancé,
y ahora siempre me tropiezo,
pero nunca lanzo al viento
un mirar sin emoción.
Río!
Y en mi boca se deshacen
esos punzantes glaciares
de nuestra civilización.
Solos
nos parecen de cobardes
las patéticas verdades
que nos venden como amor.
Quiero
que me quieras como a nadie,
como nadie te ha querido,
como pueda querer yo.
Salen
de mis manos mil señales,
de mis ojos manantiales,
del reloj un chaparrón.
Miento
si te digo que no hay fecha
en la que se abrió la brecha
de mi humilde corazón.
Vivo!
Quiero irme de la espera,
quiero romper mis quimeras
y pintarlas de color.
Miedos
pueblan todas las ciudades
(miedos agrios, miedos acres)
de sonámbula ilusión.
Pierdo
toda falta de esperanzas,
gano a tiempos de añoranzas
viviendo el día de hoy.
Y hoy,
me he encerrado a recordarme
que todo puede ser un desastre
si no sé cuanto soy:
un reír de malabares,
el señor de mis lunares,
un verdugo del dolor,
un luchar de realidades,
un medidor de señales,
uno más, nunca mejor.
Adiós,
me alegra el haberte visto
aunque te parezca un niño
me despide el corazón.