jose angel pizarro nogues
Poeta recién llegado
CARNE DE VIEJO
Aquella preciosidad no debería tener ni veinte años,
y yo sobaba sus medias negras debajo de su falda,
ella echaba la cabeza hacia atrás y daba respingos como un animalillo
asustado,
de vez en cuando me besaba torpemente y con languidez,
era una lluvia salvífica para mi alma.
Sus amigas nos vieron y la dijeron entre risas:
¿Te gusta la carne de viejo?
Yo miraba hacia el suelo y buscaba un cigarrillo.
Aquella preciosidad no debería tener ni veinte años,
y yo sobaba sus medias negras debajo de su falda,
ella echaba la cabeza hacia atrás y daba respingos como un animalillo
asustado,
de vez en cuando me besaba torpemente y con languidez,
era una lluvia salvífica para mi alma.
Sus amigas nos vieron y la dijeron entre risas:
¿Te gusta la carne de viejo?
Yo miraba hacia el suelo y buscaba un cigarrillo.