*Sabrina*
Una niña gris
Se apaga;
La oscuridad es la catapulta
hacia imperios desconocidos,
las derivas se anidan
en un horizonte degradado
limitado por bestias somnámbulas
en su harén vegetal.
Los márgenes se aproximan
hacia un agrietado comienzo
y sus pedazos trazan
vértebras en la columna parpadeante
de un futuro sin raíces.
Hasta el fin de ayer,
la deshidratada lengua
hurgaba en la distorsión
de este halo caótico,
donde una vela sin oxígeno
humedecía las tinieblas,
su cera, un río de cultivos.
Ah, gritos jugosos,
enjaulados en la garganta,
suaves, fantasmas de libertad,
ancianos bosques
de luces recubiertas
con una atmósfera a explosiones violadas.
Esclavos de tormenta
sobre carbón ardiendo,
como mariposas fúnebres
de un punto con redes,
víctimas de sus alas.
Se enciende;
El día vive en el útero
de las ganas,
cada palabra en una línea
en el prisma que se emboca.
Un minúsculo brillo
tapiza nubes contra el rocío.
Cándido, como la ventana abierta
donde se cuelan los gritos,
el olor y la textura de un recién nacido despertar.
Se embriaga de energía
el más allá de los tiempos,
el sol es el vino que arraiga las venas
de los vivos,
como fin que se pospone
sin ataduras para fumar los diamantes
del camino.
El calor ha sido consumido
por las contracciones
del verano convirtiendo
el estallido de los rayos
en vidrios silvestres.
La mente se separa,
el hemisferio infinito se revela
ante los rastros del lamento
que ve volar los minutos
como flechas sin variaciones.
El interruptor;
Reflejo dual instintivo preconcebido
en el desasosiego disfrazado de los ojos.
...
*A la mañana que no acaba y a la noche que no termina*
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