Ladime Volcán
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mi heroína
Batalló hasta el final de sus días,
hasta la noche en que se la llevó la muerte...
Dejó hijos como lunas de noche,
y nietos como soles de siempre...
Dejó la sonrisa en un broche;
y la alegría, prendida y silvestre,
entre las flores del campo
y las cortezas de los cipreses...
Caminó a paso muy lento,
pero miró en detalle las minas...
Las cantimploras llenó con su sustento.
Y cantó en la iglesia, su propia versión del Ave María,
con una voz, que de tan melodiosa,
chisporroteaban, el incienso y la mirra...
Bailó con el viento ¡gloriosa!
Y deslumbró las pupilas...
Se asomó al fondo de cada choza,
y se internó en cada rendija...
La vida la dotó preciosa,
y ella se hizo mendiga...
Labró la tierra, andrajosa,
y donó de su haber su mochila...
Y el sol y las mariposas,
brillaba y sus alas batían,
acompañando sus plantas de diosa
hasta que cayó rendida...
¡Bendita!, dijo la tierra.
Y el cielo hizo fiesta ese día...
Batalló hasta el final de sus días,
hasta la noche en que se la llevó la muerte...
Dejó hijos como lunas de noche,
y nietos como soles de siempre...
Dejó la sonrisa en un broche;
y la alegría, prendida y silvestre,
entre las flores del campo
y las cortezas de los cipreses...
Caminó a paso muy lento,
pero miró en detalle las minas...
Las cantimploras llenó con su sustento.
Y cantó en la iglesia, su propia versión del Ave María,
con una voz, que de tan melodiosa,
chisporroteaban, el incienso y la mirra...
Bailó con el viento ¡gloriosa!
Y deslumbró las pupilas...
Se asomó al fondo de cada choza,
y se internó en cada rendija...
La vida la dotó preciosa,
y ella se hizo mendiga...
Labró la tierra, andrajosa,
y donó de su haber su mochila...
Y el sol y las mariposas,
brillaba y sus alas batían,
acompañando sus plantas de diosa
hasta que cayó rendida...
¡Bendita!, dijo la tierra.
Y el cielo hizo fiesta ese día...
::