guerrero verde
Poeta veterano en el portal.
Cierra los ojos niña
que es hora de burlar la vida
e invitar a la alquimia.
La penumbra inunda la cama
y las sabanas corroen el cuerpo.
Inunda mi mente la apatía de ver el alba
y la corrosión intoxica el sueño.
Es hora de partir con buen viento,
con alas de seda de gusano negro
a donde solo se escucha el silencio.
Así se despliegan mis alas,
esas alas que alguna vez incrusté
a mi espalda que no sangró
ante el punzón de la ilusión.
Vuelo con los cuervos y murciélagos.
Vuelo con el aullido del lobo estepario.
Vuelo con el llamado del campanario
que ensordecen los corazones de los visionarios.
Las estrellas rosas saludan,
los agujeros negros beben materia.
La estrella fugaz fuga de la penumbra,
mientras la luna saluda
a la basura metálica del humano.
Solía ir a las praderas lunares a meditar,
a fumar y rara vez hablar
con principitos que no se cansaban de divagar.
Solía, ya que ellos nunca volvieron a volar
desde que un hombre de blanco ultrajó con su pisar
la paz de la vieja madre lunar.
¿A dónde ir en este espacio sideral?.
Ya no queda lugar limpio
en los que no violen los ojos vidriosos
de un aburrido sistema satelital.
Supongo que es hora de volar lejos
a esos planetas de mar verde
y desiertos de azabache arena sin viento.
Es hora de contar en un reloj sin tiempo
la eternidad de este sueño muerto.
que es hora de burlar la vida
e invitar a la alquimia.
La penumbra inunda la cama
y las sabanas corroen el cuerpo.
Inunda mi mente la apatía de ver el alba
y la corrosión intoxica el sueño.
Es hora de partir con buen viento,
con alas de seda de gusano negro
a donde solo se escucha el silencio.
Así se despliegan mis alas,
esas alas que alguna vez incrusté
a mi espalda que no sangró
ante el punzón de la ilusión.
Vuelo con los cuervos y murciélagos.
Vuelo con el aullido del lobo estepario.
Vuelo con el llamado del campanario
que ensordecen los corazones de los visionarios.
Las estrellas rosas saludan,
los agujeros negros beben materia.
La estrella fugaz fuga de la penumbra,
mientras la luna saluda
a la basura metálica del humano.
Solía ir a las praderas lunares a meditar,
a fumar y rara vez hablar
con principitos que no se cansaban de divagar.
Solía, ya que ellos nunca volvieron a volar
desde que un hombre de blanco ultrajó con su pisar
la paz de la vieja madre lunar.
¿A dónde ir en este espacio sideral?.
Ya no queda lugar limpio
en los que no violen los ojos vidriosos
de un aburrido sistema satelital.
Supongo que es hora de volar lejos
a esos planetas de mar verde
y desiertos de azabache arena sin viento.
Es hora de contar en un reloj sin tiempo
la eternidad de este sueño muerto.