Felizmente muerto
Sonriele a la Vida... y a la Muerte.
Los Olvidados.
Son el vago recuerdo de una vida
cuyos logros y sueños se han olvidado,
se mantienen distantes entre ellos
a pesar de verse a diario.
Algunos ya no comprenden la realidad,
otros manejan trozos de ella.
Ese daño lo ha causado la soledad,
con su injusta condena.
Uno de ellos conoce más que los otros,
pero no puede ser llamado líder,
¿Líder de que?, ¿de locos?
No, después de todo,
¿Quién dirige a los olvidados?
Si no sus tormentos y dolores diarios.
Encerrados padeciendo los estigmas de la vida,
anhelando el sol tras las rejas,
intentando caminar,
tratando de olvidar la edad.
Atrapados en su prisión de carne y hueso
ansiando huir
viendo a la muerte, llevarse a sus compañeros.
Y preguntándose ¿Por qué no me lleva a mí?
Sobresale el poeta sin razón
que pasa las horas marcando palabras con dolor.
En una hoja blanca ve sus esperanzas
y como gotas, los recuerdos de su vida pasada.
En una esquina, como si no existiera,
la sordomuda se mantiene alerta.
Quizás no pueda escuchar y pase desapercibida,
pero en su mente, se mantiene intacta su agonía
de no entender a los que le rodean,
y tocar su música, ¡OH cuanto lo desea!
¡Los Alien vienen! ¡El gobierno esconde cosas!
Proclama el lunático de la habitación seis,
abraza la Biblia con el mismo entusiasmo con el que se aferra a la vida.
proclama hechos ocultos, que el mundo debe conocer,
mientras toma su medicina,
para no morir de pie.
La monja asustada, que mira al cielo buscando ángeles ha quien orar
y cuando no hay nubes, les escucha llorar
aferrados a las constelaciones para no caer
y abajo en la tierra, perecer
Alguien ha muerto, ha muerto en paz
es la envidia del lugar.
Sus compañeros se acercan, a darle la despedida
y de las voces en conjunto, se entona una oración:
Padre nuestro, que en el cielo estas,
obsérvanos, vennos a buscar.
No aguantamos la soledad,
Sentimos miedo de andar,
estamos cansados de respirar.
Cansados de vivir ¿Cuánto mas?
Padre nuestro no te olvides
que ya no tenemos querer.
Padre nuestro, recuérdanos,
y llévanos a reposar
a tus pastos verdes donde reina la paz
Somos los olvidados,
el recuerdo de una vida que ha nadie importó
olvidados en el tiempo, de la gloria divina y de la gracia del señor.
Entiende por favor, estamos listos para marchar
no nos tortures mas
déjanos ir,
dejados ir en paz
Son el vago recuerdo de una vida
cuyos logros y sueños se han olvidado,
se mantienen distantes entre ellos
a pesar de verse a diario.
Algunos ya no comprenden la realidad,
otros manejan trozos de ella.
Ese daño lo ha causado la soledad,
con su injusta condena.
Uno de ellos conoce más que los otros,
pero no puede ser llamado líder,
¿Líder de que?, ¿de locos?
No, después de todo,
¿Quién dirige a los olvidados?
Si no sus tormentos y dolores diarios.
Encerrados padeciendo los estigmas de la vida,
anhelando el sol tras las rejas,
intentando caminar,
tratando de olvidar la edad.
Atrapados en su prisión de carne y hueso
ansiando huir
viendo a la muerte, llevarse a sus compañeros.
Y preguntándose ¿Por qué no me lleva a mí?
Sobresale el poeta sin razón
que pasa las horas marcando palabras con dolor.
En una hoja blanca ve sus esperanzas
y como gotas, los recuerdos de su vida pasada.
En una esquina, como si no existiera,
la sordomuda se mantiene alerta.
Quizás no pueda escuchar y pase desapercibida,
pero en su mente, se mantiene intacta su agonía
de no entender a los que le rodean,
y tocar su música, ¡OH cuanto lo desea!
¡Los Alien vienen! ¡El gobierno esconde cosas!
Proclama el lunático de la habitación seis,
abraza la Biblia con el mismo entusiasmo con el que se aferra a la vida.
proclama hechos ocultos, que el mundo debe conocer,
mientras toma su medicina,
para no morir de pie.
La monja asustada, que mira al cielo buscando ángeles ha quien orar
y cuando no hay nubes, les escucha llorar
aferrados a las constelaciones para no caer
y abajo en la tierra, perecer
Alguien ha muerto, ha muerto en paz
es la envidia del lugar.
Sus compañeros se acercan, a darle la despedida
y de las voces en conjunto, se entona una oración:
Padre nuestro, que en el cielo estas,
obsérvanos, vennos a buscar.
No aguantamos la soledad,
Sentimos miedo de andar,
estamos cansados de respirar.
Cansados de vivir ¿Cuánto mas?
Padre nuestro no te olvides
que ya no tenemos querer.
Padre nuestro, recuérdanos,
y llévanos a reposar
a tus pastos verdes donde reina la paz
Somos los olvidados,
el recuerdo de una vida que ha nadie importó
olvidados en el tiempo, de la gloria divina y de la gracia del señor.
Entiende por favor, estamos listos para marchar
no nos tortures mas
déjanos ir,
dejados ir en paz