TE VENCÍ BAZUCO MALDITO
Creció fuerte y vigoroso
educado y estructurado
el joven mozo
al lado de su ilustre familia.
La ciudad capital buscó
con esperanzas de más estudio,
un lujoso cuarto buscó
y allí todo el sufrir llegó.
Muchos amigos
buenos y malos lo rodearon,
el fantasma de los placeres desordenados
cual tormenta destructiva a su espacio entró
como moscas contaminantes:
el alcohol
la marihuana
la perica,
LSD,
éxtasis
el bazuco,
las mujeres que venden su cuerpo
como cáncer a su cuerpo entró
y el futuro doctor
su carrera truncó,
porque a la universidad ni a la biblioteca casi no se vio
Su cuerpo no se bañaba
dormía en los duros andenes y bancas de los parques,
en las puertas de los restaurantes su degradante rostro de hombre
velaba para vestir de blanco el hambre,
su familia apenada por siempre su cobija del olvido lo arropó,
y un día brillante
con un cantar de trinos como si fuesen querubines de los cielos
ese hombre carcomido por la escorias del degenero humano
sintió el llamado del hijo del gran hombre
y una fuerza sobre humana lo reformó.
Ahora lo vemos escribiendo
en los muros y paredes de la gran ciudad:
Te vencí droga maldita...
Te vencí bazuco maldito...
Y como gran hombre recuperado
Asistiendo a la universidad.
Luecamon
Creció fuerte y vigoroso
educado y estructurado
el joven mozo
al lado de su ilustre familia.
La ciudad capital buscó
con esperanzas de más estudio,
un lujoso cuarto buscó
y allí todo el sufrir llegó.
Muchos amigos
buenos y malos lo rodearon,
el fantasma de los placeres desordenados
cual tormenta destructiva a su espacio entró
como moscas contaminantes:
el alcohol
la marihuana
la perica,
LSD,
éxtasis
el bazuco,
las mujeres que venden su cuerpo
como cáncer a su cuerpo entró
y el futuro doctor
su carrera truncó,
porque a la universidad ni a la biblioteca casi no se vio
Su cuerpo no se bañaba
dormía en los duros andenes y bancas de los parques,
en las puertas de los restaurantes su degradante rostro de hombre
velaba para vestir de blanco el hambre,
su familia apenada por siempre su cobija del olvido lo arropó,
y un día brillante
con un cantar de trinos como si fuesen querubines de los cielos
ese hombre carcomido por la escorias del degenero humano
sintió el llamado del hijo del gran hombre
y una fuerza sobre humana lo reformó.
Ahora lo vemos escribiendo
en los muros y paredes de la gran ciudad:
Te vencí droga maldita...
Te vencí bazuco maldito...
Y como gran hombre recuperado
Asistiendo a la universidad.
Luecamon