Ricardo R. Ruiz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Casi amanece mi dolor silente
sobre mi lecho ya un amor marchito.
Sangran mis ojos el amargo rezo...
cuánta tristeza!
Muerdo las horas al recuerdo ingrato,
de aquellos labios que se van furtivos;
que me besaron con amor eterno...
límpido...grácil...
Labios de niña que en mis labios fueron,
ascuas ardientes que insuflaron vida
a nuestro ser que en su pasión sin tiempo,
hizose flores.
Labios de novia virginal y pura,
que en la caricia de un sutil poema
se me entregaron en sensual prodigio...
sólo son ecos...
Lloro al saber que ya no están conmigo;
que ya me espera solitaria estancia;
que ya otra boca libará su ajenjo,
plácidamente...
sobre mi lecho ya un amor marchito.
Sangran mis ojos el amargo rezo...
cuánta tristeza!
Muerdo las horas al recuerdo ingrato,
de aquellos labios que se van furtivos;
que me besaron con amor eterno...
límpido...grácil...
Labios de niña que en mis labios fueron,
ascuas ardientes que insuflaron vida
a nuestro ser que en su pasión sin tiempo,
hizose flores.
Labios de novia virginal y pura,
que en la caricia de un sutil poema
se me entregaron en sensual prodigio...
sólo son ecos...
Lloro al saber que ya no están conmigo;
que ya me espera solitaria estancia;
que ya otra boca libará su ajenjo,
plácidamente...
::