Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
Aquí, desde hace algun tiempo,
de hace algunos milenios, quinquenios,
un placer tenerte por estos lados,
preferir tus bocados sanitizados, amordazados y elocuentes,
rimbombantes, cimbreantes,
como una verdadera fiesta de verano en invierno,
como unas manos que me aprietan y sojuzgan, que me nublan,
me regalan, me disparan,
como tenazas de amor candente,
titilante como tus ojos repletos de sudor y frío, el calor es mío,
como espadas afiladas,
dentelladas de acero que conversan en tu piel, rozando un poco,
vislumbrando un poco,
a dentelladas, bofetadas de agua y tierra, mezclando sonidos y colores,
olores, sabores, con sabor y sinsabores,
mezclando risas y llanto, pero ese llanto que suaviza, que ablanda el dolor frío, templado, aquilatado, como dedos que se juntan para probar la viscosidad de tu sangre,
una sangre de milenios, decenios, unidades frondosas, melosas,
quejumbrosas, como tus ojos en mí, como tu espalda y mi pecho,
abrazados por doquier,
celosos de la miel, de la espera en derredor,
como ningun perdedor,
como estelas de espuma que rezuman,
reúnen, convierten, me devuelven a mi estado natural,
a tu estado virginal, como la seda,
como tus ojos, como tus manos, como tus lentas caricias que recorren,
que devuelven mi gusto por tenerte,
por disiparte,
por derramarte en mí,
de todas maneras,
de cualquier manera,
siempre.
de hace algunos milenios, quinquenios,
un placer tenerte por estos lados,
preferir tus bocados sanitizados, amordazados y elocuentes,
rimbombantes, cimbreantes,
como una verdadera fiesta de verano en invierno,
como unas manos que me aprietan y sojuzgan, que me nublan,
me regalan, me disparan,
como tenazas de amor candente,
titilante como tus ojos repletos de sudor y frío, el calor es mío,
como espadas afiladas,
dentelladas de acero que conversan en tu piel, rozando un poco,
vislumbrando un poco,
a dentelladas, bofetadas de agua y tierra, mezclando sonidos y colores,
olores, sabores, con sabor y sinsabores,
mezclando risas y llanto, pero ese llanto que suaviza, que ablanda el dolor frío, templado, aquilatado, como dedos que se juntan para probar la viscosidad de tu sangre,
una sangre de milenios, decenios, unidades frondosas, melosas,
quejumbrosas, como tus ojos en mí, como tu espalda y mi pecho,
abrazados por doquier,
celosos de la miel, de la espera en derredor,
como ningun perdedor,
como estelas de espuma que rezuman,
reúnen, convierten, me devuelven a mi estado natural,
a tu estado virginal, como la seda,
como tus ojos, como tus manos, como tus lentas caricias que recorren,
que devuelven mi gusto por tenerte,
por disiparte,
por derramarte en mí,
de todas maneras,
de cualquier manera,
siempre.
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