Tamar
Poeta adicto al portal
La tristeza es como una cadena inevitable
que comienza en un suspiro.
Todo ocurre lentamente,
te hace pensar que después de suspirar
y ver las lágrimas sobre la almohada
no hay más que el recuerdo,
la añoranza de otro tiempo.
Pero no.
Con el paso de los días,
los cigarrillos pierden su poder,
ya no puedo fumar, ya no puedo mentirme,
me toca enfrentar sola la tristeza.
¿Olvidarme de todo?
Esa estrategia ya no sirve
Aunque, porque no;
lo intentare una vez mas;
después de 3 años
no hay razón para tener apuro.
En este pequeño cuarto
se diría que puedo distraerme,
esta el típico paquete:
Un televisor, un espejo y una cama.
El televisor es a ratos efectivo ,
pero mi sensación de querer algo más
lo apaga.
El espejo se ha vuelto un copia del televisor,
lo cambio cuando me da la gana;
por ahora tambien queda descartado.
La cama....
Me resginé a observarla desde este rincón:
su madera no está mal,
la cobija me gusta,
pero me gusta sentir el frío y la arroje al suelo.
Sin embargo,
no quiero dormir.
¿Será desesperación?
Creo que ese sentimiento me queda grande.
La tristeza sigue allí en la cama,
le podría pedir el favor que salga a vivir por mí,
siempre fué muy buena actriz;
pero por cosas de la vida, quiero decir del cuarto,
ya no nos hablamos.
Todo viene encadenado,
el suspiro,
cerrar los ojos fuertemente
y perderme en las figuras de la oscuridad,
Parpadear,
verificar si sigue allí;
Escuchar música,
tratar de ensordecerme con el volumen más alto,
para luego enamorarme una vez más del silencio;
Sentir el olor de un incienzo
que se vuelve demasiado sincero y te ahoga.
Beber un poco,
pero los efectos del alcohol
en mí son muy superficiales.
De resto, solo queda jugar
con el frío sudor de mis manos.
Aquí, en este rincón,
sigo observando a la tristeza.
Pero esta vez,
yo tengo un as bajo la manga,
estoy tan cerca del interruptor,
y puedo dejar de jugar con la luz
y apagarla de una vez.
Y es que soy como la luna,
a veces,
simplemente,
no estoy.
que comienza en un suspiro.
Todo ocurre lentamente,
te hace pensar que después de suspirar
y ver las lágrimas sobre la almohada
no hay más que el recuerdo,
la añoranza de otro tiempo.
Pero no.
Con el paso de los días,
los cigarrillos pierden su poder,
ya no puedo fumar, ya no puedo mentirme,
me toca enfrentar sola la tristeza.
¿Olvidarme de todo?
Esa estrategia ya no sirve
Aunque, porque no;
lo intentare una vez mas;
después de 3 años
no hay razón para tener apuro.
En este pequeño cuarto
se diría que puedo distraerme,
esta el típico paquete:
Un televisor, un espejo y una cama.
El televisor es a ratos efectivo ,
pero mi sensación de querer algo más
lo apaga.
El espejo se ha vuelto un copia del televisor,
lo cambio cuando me da la gana;
por ahora tambien queda descartado.
La cama....
Me resginé a observarla desde este rincón:
su madera no está mal,
la cobija me gusta,
pero me gusta sentir el frío y la arroje al suelo.
Sin embargo,
no quiero dormir.
¿Será desesperación?
Creo que ese sentimiento me queda grande.
La tristeza sigue allí en la cama,
le podría pedir el favor que salga a vivir por mí,
siempre fué muy buena actriz;
pero por cosas de la vida, quiero decir del cuarto,
ya no nos hablamos.
Todo viene encadenado,
el suspiro,
cerrar los ojos fuertemente
y perderme en las figuras de la oscuridad,
Parpadear,
verificar si sigue allí;
Escuchar música,
tratar de ensordecerme con el volumen más alto,
para luego enamorarme una vez más del silencio;
Sentir el olor de un incienzo
que se vuelve demasiado sincero y te ahoga.
Beber un poco,
pero los efectos del alcohol
en mí son muy superficiales.
De resto, solo queda jugar
con el frío sudor de mis manos.
Aquí, en este rincón,
sigo observando a la tristeza.
Pero esta vez,
yo tengo un as bajo la manga,
estoy tan cerca del interruptor,
y puedo dejar de jugar con la luz
y apagarla de una vez.
Y es que soy como la luna,
a veces,
simplemente,
no estoy.
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