Ricardo R. Ruiz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Te vi pasar sumida en la tristeza,
de flora al rojo vivo tu vestido,
en niebla dócil, mítica rareza,
que en el sufrir de siglos ya perdidos
amaneciste ninfa ante mis ojos,
como viviendo sol de mil olvidos.
Y levanté de antiguos mis despojos,
y caminé a tus albos resplandores,
y en mis alforjas, vino y pan de abrojos.
Cuánto el placer de besos tentadores
que me palpita suave en la fragancia
de tus cabellos, lirios soñadores!
Cuánta locura al fuego de mi ansia
que se desborda en ámbar al mirarme
en virginales ojos, dulce Francia!
Benditos labios tuyos que al besarme
en el final instante de este sueño,
me dan la paz que viene a acariciarme.
Bendita el alma erguida en este empeño
que en el dolor me besa al recordarme
que sólo así, mujer, seré tu dueño.
de flora al rojo vivo tu vestido,
en niebla dócil, mítica rareza,
que en el sufrir de siglos ya perdidos
amaneciste ninfa ante mis ojos,
como viviendo sol de mil olvidos.
Y levanté de antiguos mis despojos,
y caminé a tus albos resplandores,
y en mis alforjas, vino y pan de abrojos.
Cuánto el placer de besos tentadores
que me palpita suave en la fragancia
de tus cabellos, lirios soñadores!
Cuánta locura al fuego de mi ansia
que se desborda en ámbar al mirarme
en virginales ojos, dulce Francia!
Benditos labios tuyos que al besarme
en el final instante de este sueño,
me dan la paz que viene a acariciarme.
Bendita el alma erguida en este empeño
que en el dolor me besa al recordarme
que sólo así, mujer, seré tu dueño.
Última edición: