Susana del Rosal
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo no tengo la culpa de sentir que te adoro,
yo no tengo la culpa de quererte en mi lecho,
quizás es toda tuya, por meterte en mi pecho
y dejarme la espina de tu fuego que añoro.
Y no me da la gana de decir que es mentira
o que tengo vergüenza de tatuarte en mi piel,
¡es que mi cuerpo todo me dice: ve con él!
y mis ojos se cierran y mi mente delira.
¿Por qué decirte entonces que intentaré olvidarte
si es tan desesperante mi anhelo por amarte,
si te sueño despierta y hambrienta me desboco?
Yo no tengo la culpa de quererte y desearte.
Y si te contagiaras también, quiero confiarte:
¡tampoco tendré culpas... si te volvieras loco!
yo no tengo la culpa de quererte en mi lecho,
quizás es toda tuya, por meterte en mi pecho
y dejarme la espina de tu fuego que añoro.
Y no me da la gana de decir que es mentira
o que tengo vergüenza de tatuarte en mi piel,
¡es que mi cuerpo todo me dice: ve con él!
y mis ojos se cierran y mi mente delira.
¿Por qué decirte entonces que intentaré olvidarte
si es tan desesperante mi anhelo por amarte,
si te sueño despierta y hambrienta me desboco?
Yo no tengo la culpa de quererte y desearte.
Y si te contagiaras también, quiero confiarte:
¡tampoco tendré culpas... si te volvieras loco!
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