Amartemisa
Poetisa
Suena el arpa en un tibio atardecer.
Lloran los dedos sangre de las notas
que te tocan extasiadas hasta el regreso.
Mis rodillas redondean la espera,
sentada frente al rojo horizonte
que duerme tranquilo en su cama.
Sueño, como la misma tarde sueña
tu llegada entre los rosales,
y se pincha, sobre las rosas, mi calma
que se hiere lamentada en la ventana.
Al danzar de unas hojas risueñas,
al compás de canciones partidas,
al mirar del paisaje y mi anhelo,
al final, tu regreso esperado en mi pecho.
Puedo escuchar el susurro del viento,
que enmudece sordamente mi alma
cuando a lo lejos te reflejas en su alucinación.
Una candente nota se desvirtúa silente
y la lágrima se asoma desvergonzada,
desnudándose sola, libre y sin pudor.
Entonces mi anhelo, partido, sin freno
se da media vuelta agarrando el vestido.
Los ojos se cierran envenenados, estriados
y mi boca se arquea hacia abajo, temblando.
Una punzada se siente en mi garganta
y mi pecho se aviva candente, quebrado.
La espera se hace llanto en mis manos
cuando el arpa me susurra que no regresarás,
al menos, por esta tarde
Lloran los dedos sangre de las notas
que te tocan extasiadas hasta el regreso.
Mis rodillas redondean la espera,
sentada frente al rojo horizonte
que duerme tranquilo en su cama.
Sueño, como la misma tarde sueña
tu llegada entre los rosales,
y se pincha, sobre las rosas, mi calma
que se hiere lamentada en la ventana.
Al danzar de unas hojas risueñas,
al compás de canciones partidas,
al mirar del paisaje y mi anhelo,
al final, tu regreso esperado en mi pecho.
Puedo escuchar el susurro del viento,
que enmudece sordamente mi alma
cuando a lo lejos te reflejas en su alucinación.
Una candente nota se desvirtúa silente
y la lágrima se asoma desvergonzada,
desnudándose sola, libre y sin pudor.
Entonces mi anhelo, partido, sin freno
se da media vuelta agarrando el vestido.
Los ojos se cierran envenenados, estriados
y mi boca se arquea hacia abajo, temblando.
Una punzada se siente en mi garganta
y mi pecho se aviva candente, quebrado.
La espera se hace llanto en mis manos
cuando el arpa me susurra que no regresarás,
al menos, por esta tarde
::