José Segundo Cefal
Poeta que considera el portal su segunda casa
A veces encuentras el banco vacío.
Cansado, de tantos olvidos,
te pones en guardia
y buscas en un día
un barco a la deriva
para escapar una noche.
Irrevocablemente.
La puta vida no es tan obvia
y por más que soples
o por más que aspires
la fuerza del viento
te obliga
a ser la desgraciada marioneta
del teatro ambulante
que cargas a cuestas.
A veces encuentras las puertas abiertas.
Siempre has soñado con puertas abiertas
y pones tus manos después de tus ojos
no sientes el dolor de tantos latigazos
que te dan y te metes.
Cansado, de tantos olvidos,
te pones en guardia
y buscas en un día
un barco a la deriva
para escapar una noche.
Irrevocablemente.
La puta vida no es tan obvia
y por más que soples
o por más que aspires
la fuerza del viento
te obliga
a ser la desgraciada marioneta
del teatro ambulante
que cargas a cuestas.
A veces encuentras las puertas abiertas.
Siempre has soñado con puertas abiertas
y pones tus manos después de tus ojos
no sientes el dolor de tantos latigazos
que te dan y te metes.
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