damianolivares
Poeta recién llegado
La tormenta se agitaba como un péndulo;
sus ráfagas cobardes golpeaban y huían.
Se posaba sin piedad, ultrajando sin tregua;
¡Yo la escuche!
Su voz se asentaba en el viento;
era el silbido eufórico de la noche.
Figuras borrosas, sombras confusas,
trastabillaban con suerte maldita.
Su clamor inundaba la ciudad
de sucias y amargas lagrimas,
su llanto; tal vez fue confundido
con el mió.
Destruidos los sentidos más agudos,
los recuerdos más aferrados;
fui un pobre par de ojos extraviados
en la tormenta del primer mes.
sus ráfagas cobardes golpeaban y huían.
Se posaba sin piedad, ultrajando sin tregua;
¡Yo la escuche!
Su voz se asentaba en el viento;
era el silbido eufórico de la noche.
Figuras borrosas, sombras confusas,
trastabillaban con suerte maldita.
Su clamor inundaba la ciudad
de sucias y amargas lagrimas,
su llanto; tal vez fue confundido
con el mió.
Destruidos los sentidos más agudos,
los recuerdos más aferrados;
fui un pobre par de ojos extraviados
en la tormenta del primer mes.
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