Pedro Ferreira
Poeta veterano en el portal
HUIS CLOS
Un amor fugitivo se desliza
por los pliegues marchitos de la noche.
Su nombre se recita en las paredes
y los mirtos taponan las rendijas.
Tres rosas se consumen en el vaso
que adorna el último canto del cisne.
Navegando entre el ron y el humo tóxico,
de caricias el labio desnutrido,
un verso en vena se rompe sangrante
evitando la dosis de la dicha.
Mientras, cientos de estrellas en los árboles
deslumbran la ciudad tras la ventana.
A puerta cerrada. El amor partió.
Un amor fugitivo se desliza
por los pliegues marchitos de la noche.
Su nombre se recita en las paredes
y los mirtos taponan las rendijas.
Tres rosas se consumen en el vaso
que adorna el último canto del cisne.
Navegando entre el ron y el humo tóxico,
de caricias el labio desnutrido,
un verso en vena se rompe sangrante
evitando la dosis de la dicha.
Mientras, cientos de estrellas en los árboles
deslumbran la ciudad tras la ventana.
A puerta cerrada. El amor partió.
Aguadulce, diciembre de 2008
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