*Sabrina*
Una niña gris
Baila la herida en mis costados
hambrienta de polvo,
sollozando su última lágrima
hasta hacerla eterna,
para convulsionar en mi boca
con el más aterciopelado de los silencios.
Sus diamantes afilados recorren mi mejilla,
tres agujas de infinita misericordia
abren sus rostros y no han hablado los años,
con ese hilo de voz que remendaba mi conciencia,
aquellos ayeres permanecen sigilosos
sin respuestas, sin futuro,
anidando el contorno de un anillo
sin señal de inhalar vida por sus poros.
El cristal se empaña bajo las cicatrices
el momento, gris, monótono,
circula a grande pasos
junto a la fuente de los deseos perdidos.
............Todo flota;
Acorralando la salida de este mundo sombrío.
Y cae el espiral de lamentos
adentrándose en el cemento
que no ha saboreado la huella
de la cruz de mi mano.
Termina ya, como plegaria, el recuerdo
del santo que sopló su propia vela,
que el bordado está en las paredes apocadas
que cubren el instante mismo en que se sentenció la noche,
y esta, ya cansada, dejó de ofrecerle rosas al día,
dejándome estancada entre sus piernas.
Llueve para estas razones
la dorada melancolía
que se escapó de los recuerdos,
porque no hay justicia para esos relámpagos
de incentivas alucinaciones
que queman el detrás de mis pupilas.
Vuelvo al camino, anhelando piedras,
para permanecer en la sombra aislada
de cualquier señal de destellos
en los cuales pueda descubrirme reflejada.
hambrienta de polvo,
sollozando su última lágrima
hasta hacerla eterna,
para convulsionar en mi boca
con el más aterciopelado de los silencios.
Sus diamantes afilados recorren mi mejilla,
tres agujas de infinita misericordia
abren sus rostros y no han hablado los años,
con ese hilo de voz que remendaba mi conciencia,
aquellos ayeres permanecen sigilosos
sin respuestas, sin futuro,
anidando el contorno de un anillo
sin señal de inhalar vida por sus poros.
El cristal se empaña bajo las cicatrices
el momento, gris, monótono,
circula a grande pasos
junto a la fuente de los deseos perdidos.
............Todo flota;
Acorralando la salida de este mundo sombrío.
Y cae el espiral de lamentos
adentrándose en el cemento
que no ha saboreado la huella
de la cruz de mi mano.
Termina ya, como plegaria, el recuerdo
del santo que sopló su propia vela,
que el bordado está en las paredes apocadas
que cubren el instante mismo en que se sentenció la noche,
y esta, ya cansada, dejó de ofrecerle rosas al día,
dejándome estancada entre sus piernas.
Llueve para estas razones
la dorada melancolía
que se escapó de los recuerdos,
porque no hay justicia para esos relámpagos
de incentivas alucinaciones
que queman el detrás de mis pupilas.
Vuelvo al camino, anhelando piedras,
para permanecer en la sombra aislada
de cualquier señal de destellos
en los cuales pueda descubrirme reflejada.
Última edición por un moderador:
::