A
Agnimascerodonte
Invitado
Cuando nos negamos al amor, el amor se venga, anegándonos de amor el alma; y es tanto el amor, que nos duele en la concreción de la palabra, en el amancer silencioso de una llama que se muere de frío, pero que canta, que no se deja intimidar por el hielo, ni por la humedad del bosque sombrío de nuestra pena en calma.
Es, estimado Pedro, en el fondo de la palabra donde la verdad florece, y al florecer, la primavera canta.
Un fuerte y cálido abrazo.
Es, estimado Pedro, en el fondo de la palabra donde la verdad florece, y al florecer, la primavera canta.
Un fuerte y cálido abrazo.