Este poema se refiere a las mañanas heladas de la Patagonia, hace cincuenta años y es fundamentalmente, un homenaje a mi madre.

Primeras luces
Antes tal vez de comenzar el día,
con sólo un resplandor en la ventana,
el gallo me anunciaba la mañana,
con su insolente canto de vigía.
Envuelto en la tibieza de la cama,
sabiendo que la diana ya venía,
con sólo recordar la escarcha fría
odiaba la tortura ya cercana.
Al fin, puntual sonaba la campana
y veloz comenzaba la rutina
de vestirse para ir a la cocina,
recurriendo a cualquier cosa de lana.
Mi madre en su tarea cotidiana,
con su amor y sus manos de heroína,
teniendo aún las mismas con harina,
servía el desayuno con mi hermana.
Pan caliente con dulce de manzana,
llenos los baldes de agua cristalina
y la leche, ordeñada muy temprana.
Imagen que mis ojos ilumina,
repetida semana tras semana,
no la puedo borrar de mi retina.
Eduardo León de la Barra
Abril 2007