Aprendiz de Lunas
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hoy parece que las letras andan como locas, y tan siquiera soy capaz, de unir tres o cuatro seguidas, para que el paisaje de mis frases merezca él más mínimo interés.
Melancolías
Melancolía...
el azúcar de los sueños,
y pomada de mil versos.
La anestesia de la vida.
Melancolía...
Cálida luz que ilumina,
cada vez que en la memoria
se nos enciende un lucero,
una estrella... el firmamento.
Sábana azul donde están
bordados nuestros recuerdos.
El recuerdo de una madre,
la fragancia de un “te quiero”,
el tatuaje de un orgasmo
mezclado con luna y besos...
Y la luna como loca
porque sólo son recuerdos
anhela como miraba,
desde el balcón arabesco,
barcos de esmeralda y plata,
hoy varaderos de sueños…
Guadalquivir hechicero...
¿Y esa luna que arropaba
una noche no tan lejos,
sentimientos que fundían
formas en un solo cuerpo?
La música de Triana,
las cortinillas de incienso,
las ninfas eran de Lorca
y de Picasso el atrezo...
Melancolía...
que me veo y no me creo.
¿Dónde me lleva este cáncer
de desamor y tormento?
¿Por qué dentro siento fuego
y en la piel me nace el hielo?
Mis dedos, antes sopletes
contra mujeres de hierro,
son ahora copos de nieve
en la lava de sus cuerpos.
Melancolía...
que me veo y no me creo.
¿Dónde está aquel marinero?
El leía en las estrellas
el rumbo hacia los te quieros
y anclaba siempre en la arena
la humedad de su deseo.
Tal vez naufragó en los mares
y vomitó sus recuerdos,
que curó con flor de sal
“pa” comérselos de nuevo.
Un batallón de sirenas
de entornados ojos quietos,
pone música en el aire,
aire frío, aire de duelo,
aire de melancolía,
donde la Luna llorando,
quema canela e incienso.
Melancolía...
¿Estoy vivo o estoy muerto?
Si estoy vivo entiérrame,
en la magia de los sueños,
si estoy muerto dame vida,
con un beso de tu boca,
verás como me despiertas
al calor de estos tus versos...
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