UCRONICO
Poeta recién llegado
La noche es negra y yo soy ciego y ando
perdido tras los pasos de un ocaso
que mi luz y mi sombra perseguía:
a horcajadas marchó sobre un pegaso,
cabalgando universos y volando
tras el filo invisible de mi día.
¡Maldita suerte mía!
¡Maldita por artera,
por falaz y embustera!
La esperanza, tan sólo al fin se pierde,
cuando el vil desaliento al alma muerde.
Si ha llegado tu sol a su poniente,
quizá verás que verde
lanza el último rayo incandescente.
Has llenado de luz mi madrugada,
como Venus salida de una ola,
convertida en lucero matutino,
ingrávida, en volátil aureola.
A esa hora indecisa y desvelada
sólo sombras alumbran mi camino.
Yo, rendido a mi sino,
desorbitado el rumbo,
gravitando sucumbo,
deslumbrado, al destello de tu estrella,
como llega el doncel a su doncella.
Si has buscado tu sol a la alborada,
sabrás como destella,
Aurora, un resplandor de piel rosada.
El deseo es la estela luminosa
de una estrella voluble que se mueve
y fugaz ilumina el firmamento,
un efímero gránulo de nieve
que latir hace al alma si se posa
y perece al contacto de su aliento,
volátil alimento,
maná de un solo día,
que después no valía.
Pero amor es la hoguera donde prende
la pasión, que lo aviva y que lo enciende.
Si ha pasado un cometa por tu vida,
que al infinito tiende,
ya sabrás que su rastro no se olvida.
perdido tras los pasos de un ocaso
que mi luz y mi sombra perseguía:
a horcajadas marchó sobre un pegaso,
cabalgando universos y volando
tras el filo invisible de mi día.
¡Maldita suerte mía!
¡Maldita por artera,
por falaz y embustera!
La esperanza, tan sólo al fin se pierde,
cuando el vil desaliento al alma muerde.
Si ha llegado tu sol a su poniente,
quizá verás que verde
lanza el último rayo incandescente.
Has llenado de luz mi madrugada,
como Venus salida de una ola,
convertida en lucero matutino,
ingrávida, en volátil aureola.
A esa hora indecisa y desvelada
sólo sombras alumbran mi camino.
Yo, rendido a mi sino,
desorbitado el rumbo,
gravitando sucumbo,
deslumbrado, al destello de tu estrella,
como llega el doncel a su doncella.
Si has buscado tu sol a la alborada,
sabrás como destella,
Aurora, un resplandor de piel rosada.
El deseo es la estela luminosa
de una estrella voluble que se mueve
y fugaz ilumina el firmamento,
un efímero gránulo de nieve
que latir hace al alma si se posa
y perece al contacto de su aliento,
volátil alimento,
maná de un solo día,
que después no valía.
Pero amor es la hoguera donde prende
la pasión, que lo aviva y que lo enciende.
Si ha pasado un cometa por tu vida,
que al infinito tiende,
ya sabrás que su rastro no se olvida.
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