Qalat Chabir
Poeta que considera el portal su segunda casa
¡ Ah, cuánto amor renace y crece
como bella orquídea en la ladera fértil
de nuestro interior adormecido!
Cómo decirte, sin temor a la venganza
de un destino cruel, que pueblas
cada milímetro de mis recuerdos,
que siempre has pertenecido a los versos
que recorren con ansia mis venas de poeta
y luchan por convertirse en ardiente pólvora
que prenda de promesas todos tus sueños.
Retenidos como dibujadas acuarelas del pasado,
conservo la impaciencia de tus labios,
la llamarada volcánica de tus besos,
el resplandor verdadero de tus ojos
cuando con incertidumbre me buscaban
entre la gente para llamarme
y pedirme un gesto cómplice,
aquella danza cautivadora
de tus movimientos cuando acudías a mi encuentro
a sabiendas del riesgo para amarnos,
y tu agradable sonrisa saturada
por aquel sol invasor en tu rostro reluciente de ilusión.
Todo es recuerdo de ti y de aquellos días
sin lluvia triste, sin prisas,
azules y dorados,
con cielos decorados de encuentros
que de nosotros copiaron vigorosos amantes
para escribir en el zócalo de una pared encalada
parte de nuestras vidas.
como bella orquídea en la ladera fértil
de nuestro interior adormecido!
Cómo decirte, sin temor a la venganza
de un destino cruel, que pueblas
cada milímetro de mis recuerdos,
que siempre has pertenecido a los versos
que recorren con ansia mis venas de poeta
y luchan por convertirse en ardiente pólvora
que prenda de promesas todos tus sueños.
Retenidos como dibujadas acuarelas del pasado,
conservo la impaciencia de tus labios,
la llamarada volcánica de tus besos,
el resplandor verdadero de tus ojos
cuando con incertidumbre me buscaban
entre la gente para llamarme
y pedirme un gesto cómplice,
aquella danza cautivadora
de tus movimientos cuando acudías a mi encuentro
a sabiendas del riesgo para amarnos,
y tu agradable sonrisa saturada
por aquel sol invasor en tu rostro reluciente de ilusión.
Todo es recuerdo de ti y de aquellos días
sin lluvia triste, sin prisas,
azules y dorados,
con cielos decorados de encuentros
que de nosotros copiaron vigorosos amantes
para escribir en el zócalo de una pared encalada
parte de nuestras vidas.
Última edición:
::