Pescador nublado
Poeta que considera el portal su segunda casa
En lo invariable de los días,
en mis temporadas de sequías,
mientras calcino lo incierto; te espero.
Con mi rumbo de brújula rota,
en la nación del “no sé, no me importa”,
mientras vivo en destino perdido; te espero.
En la falsa espera de lo que vendrá,
en la manecilla que no marcará,
mientras rediseño el tiempo, te espero.
En el momento en que el gris se hace negro,
en el instante en que mi cuerpo perdió su peso,
mientras rearmo lo que era, te espero.
En el espacio entre tus ojos de invierno,
en el día que me hiciste un hombre tierno,
mientras colecciono cosas que no existieron, te espero.
Con mis cartas en el escritorio, debajo de mi planta,
con las palabras que no te dije, que son navajas en mi garganta,
mientras mitigo el dolor de no tenerte, te espero.
En la música que me dejó tu risa,
en tu naturaleza imprecisa,
mientras me quedo sordo, te espero.
En el momento en que la soledad se hace desolación,
en el momento en que el hábito se transforma en adicción,
mientras enfrento la destrucción, te espero.
Con mi ropa perfectamente destrozada,
con mi cara correctamente olvidada
mientras me voy deshaciendo, te espero
En el momento en que mi voz se hizo escultura de mutismo,
en el instante en que la duda se hace pesimismo,
mientras llegan días mejores; te espero.
en mis temporadas de sequías,
mientras calcino lo incierto; te espero.
Con mi rumbo de brújula rota,
en la nación del “no sé, no me importa”,
mientras vivo en destino perdido; te espero.
En la falsa espera de lo que vendrá,
en la manecilla que no marcará,
mientras rediseño el tiempo, te espero.
En el momento en que el gris se hace negro,
en el instante en que mi cuerpo perdió su peso,
mientras rearmo lo que era, te espero.
En el espacio entre tus ojos de invierno,
en el día que me hiciste un hombre tierno,
mientras colecciono cosas que no existieron, te espero.
Con mis cartas en el escritorio, debajo de mi planta,
con las palabras que no te dije, que son navajas en mi garganta,
mientras mitigo el dolor de no tenerte, te espero.
En la música que me dejó tu risa,
en tu naturaleza imprecisa,
mientras me quedo sordo, te espero.
En el momento en que la soledad se hace desolación,
en el momento en que el hábito se transforma en adicción,
mientras enfrento la destrucción, te espero.
Con mi ropa perfectamente destrozada,
con mi cara correctamente olvidada
mientras me voy deshaciendo, te espero
En el momento en que mi voz se hizo escultura de mutismo,
en el instante en que la duda se hace pesimismo,
mientras llegan días mejores; te espero.
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