La cruz del diablo
Siento que me arden los labios,
cabellos enmarañados,
mis ojos enrojecidos;
sufro al ver los forajidos
sollozar en su dolor,
llorar por pena y calor.
Y, el calor del infierno,
calor, tierra maternal,
alza la cruz del invierno,
que es la llama colosal.
Y expuestos al fuerte viento,
los dolores que no siento,
el cuerpo despedazado,
en sus trozos destrozado;
rojos labios reventados,
los ojos desorbitados…
Y, como un puzzle recojo
luces a mi alrededor
y estos catorce despojos
de las llamas del dolor.
Mi boca hirviendo y sedienta
con la lava se contienda,
y brotando del volcán
asoma un negro huracán,
dobla el ansia de la cruz
del diablo, y de su luz.
Roja el alba que cantaba
en el estrépito azul,
y cae, cual gota de agua,
como sangre de abedul.
Siento que me arden los labios,
cabellos enmarañados,
mis ojos enrojecidos;
sufro al ver los forajidos
sollozar en su dolor,
llorar por pena y calor.
Y, el calor del infierno,
calor, tierra maternal,
alza la cruz del invierno,
que es la llama colosal.
Y expuestos al fuerte viento,
los dolores que no siento,
el cuerpo despedazado,
en sus trozos destrozado;
rojos labios reventados,
los ojos desorbitados…
Y, como un puzzle recojo
luces a mi alrededor
y estos catorce despojos
de las llamas del dolor.
Mi boca hirviendo y sedienta
con la lava se contienda,
y brotando del volcán
asoma un negro huracán,
dobla el ansia de la cruz
del diablo, y de su luz.
Roja el alba que cantaba
en el estrépito azul,
y cae, cual gota de agua,
como sangre de abedul.
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