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la Frontera.

Solsticio de primavera

Poeta fiel al portal
la Frontera.


un día en el mundo abierto equivale
a mil años
en el pensamiento, y fue por eso, quizás, que
en la inmensa soledad
de aquella playa inmarcesible el nadir tuvo los colores áureos de la eternidad.

nada nunca cambiaba, desde la blanca espuma del mar
mariposas eternas nacían
llevándose, con alas aún mojadas, estelas hacia las dunas
que poblaban estos páramos
en dónde levanta su cuerpo el silencio, y todo se deshacía
en un constante devenir
que es presente, final y comienzo.

en la santa austeridad de éste paisaje la vida
se reducía a pequeños arbustos
y esteros formados por la lluvia, una tortuga marina se alejaba de su hogar
arrastrando su templo por la arena cuando,
un cierzo seco
y antiguo,
arremetió, blando como el centeno, convirtiendo la carne en polvo
y la osamenta, en huella.

¡vengan, vengan todos, rápido, acá el tiempo
circula tan alígero que ya es eternidad! – y vuela
un chajá
haciendo círculos sobre las dunas y bajo el celaje sin nubes,
y las toninas cazan cardúmenes en un mar que calla, pero
brama,
y mugen las criaturas del agua pastando algas entre guijarros,
y un sol perfumado – de rosa y manzana-
oculta sus diademas entre las jorobas de arena de un ser que duerme.

¡vengan, apresúrense, aquí, corramos todos desnudos
hasta que las naranjas de la tarde
caigan exhaustas del árbol solitario, y los toros
invisibles
dejen de hincar sus pezuñas levantando remolinos de arena, aquí, rápido,
vengan todos y huyamos hacia la Frontera!...
 
la Frontera.


un día en el mundo abierto equivale
a mil años
en el pensamiento, y fue por eso, quizás, que
en la inmensa soledad
de aquella playa inmarcesible el nadir tuvo los colores áureos de la eternidad.

nada nunca cambiaba, desde la blanca espuma del mar
mariposas eternas nacían
llevándose, con alas aún mojadas, estelas hacia las dunas
que poblaban estos páramos
en dónde levanta su cuerpo el silencio, y todo se deshacía
en un constante devenir
que es presente, final y comienzo.

en la santa austeridad de éste paisaje la vida
se reducía a pequeños arbustos
y esteros formados por la lluvia, una tortuga marina se alejaba de su hogar
arrastrando su templo por la arena cuando,
un cierzo seco
y antiguo,
arremetió, blando como el centeno, convirtiendo la carne en polvo
y la osamenta, en huella.

¡vengan, vengan todos, rápido, acá el tiempo
circula tan alígero que ya es eternidad! – y vuela
un chajá
haciendo círculos sobre las dunas y bajo el celaje sin nubes,
y las toninas cazan cardúmenes en un mar que calla, pero
brama,
y mugen las criaturas del agua pastando algas entre guijarros,
y un sol perfumado – de rosa y manzana-
oculta sus diademas entre las jorobas de arena de un ser que duerme.

¡vengan, apresúrense, aquí, corramos todos desnudos
hasta que las naranjas de la tarde
caigan exhaustas del árbol solitario, y los toros
invisibles
dejen de hincar sus pezuñas levantando remolinos de arena, aquí, rápido,
vengan todos y huyamos hacia la Frontera!...
 

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