Antonio González
Poeta recién llegado
Increíble credulidad
De irrelevante relevancia
La del impío, que pío
Con indecisa decisión,
Abraza, con imprudente prudencia,
Irreverente reverencia
E indeterminada determinación,
La imposible posibilidad
De hacer la impredecible predicción,
De lo inabarcable,
Y con incauta caución,
Sobre la infundada fundamentación
De la imperfecta perfección
Y del infalible fallo,
Intenta escrutar lo inescrutable
Y da inopinada opinión
Del infinito final
En el que la decencia indecente
Del dócil indomable
Que con dolor indolente,
púdica impudicia
Y fiel a su infidelidad,
Dignifica su indignidad,
Y con diferente indiferencia,
Imagina lo inimaginable
Y hace real lo irreal
Para justificar lo injustificable
Y que, aún diciendo lo indecible,
Por sostener lo insostenible,
Con pavorosa impavidez,
Ve perder lo que creía imperdible
Sintiéndose insensible
Al pensamiento impensable,
De sufrir lo insufrible
Del olvido inolvidable
De quien, condicionado, incondicionalmente
Confió desconfiadamente
En su humana inhumanidad.
Impresionante impresión
Con que el impactante impacto
De inferir lo indefinido,
Con ilícita inclinación
E incólume contumacia,
Influye en lo humano y lo divino.
Petulante ingerencia
De injusticia inherente
En la que incurre el inclemente
Al inflingir aflicción
Al individuo concernido
Haciendo del amor, desamor;
Del honor, deshonor;
De la fe, agnosticismo;
Y llevando al infernal infierno
De la indigencia al agente
Que con íntegra confianza,
Invidente, no ve entre la gente
Al blasfemo y al traidor.
De irrelevante relevancia
La del impío, que pío
Con indecisa decisión,
Abraza, con imprudente prudencia,
Irreverente reverencia
E indeterminada determinación,
La imposible posibilidad
De hacer la impredecible predicción,
De lo inabarcable,
Y con incauta caución,
Sobre la infundada fundamentación
De la imperfecta perfección
Y del infalible fallo,
Intenta escrutar lo inescrutable
Y da inopinada opinión
Del infinito final
En el que la decencia indecente
Del dócil indomable
Que con dolor indolente,
púdica impudicia
Y fiel a su infidelidad,
Dignifica su indignidad,
Y con diferente indiferencia,
Imagina lo inimaginable
Y hace real lo irreal
Para justificar lo injustificable
Y que, aún diciendo lo indecible,
Por sostener lo insostenible,
Con pavorosa impavidez,
Ve perder lo que creía imperdible
Sintiéndose insensible
Al pensamiento impensable,
De sufrir lo insufrible
Del olvido inolvidable
De quien, condicionado, incondicionalmente
Confió desconfiadamente
En su humana inhumanidad.
Impresionante impresión
Con que el impactante impacto
De inferir lo indefinido,
Con ilícita inclinación
E incólume contumacia,
Influye en lo humano y lo divino.
Petulante ingerencia
De injusticia inherente
En la que incurre el inclemente
Al inflingir aflicción
Al individuo concernido
Haciendo del amor, desamor;
Del honor, deshonor;
De la fe, agnosticismo;
Y llevando al infernal infierno
De la indigencia al agente
Que con íntegra confianza,
Invidente, no ve entre la gente
Al blasfemo y al traidor.