Ricardo R. Ruiz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Regálame la luz de tu sonrisa,
que en un beso se aleja ya la tarde.
Señora de mi ruego,
tengo sed de la flor de tu sosiego;
que mi vida en la sombra va cobarde
en su dolor a prisa
si ya no estás conmigo;
porque en mi soledad eres abrigo
de besos mil, mujer...
porque sin el milagro de tus ojos,
suplicante y postrado aquí de hinojos,
jamás podréte ver!
Regálame la paz de tu mirada,
que en la angustia me veo naufragar.
Toma el azul velamen
de esta mi fiel balandra,
y dadle al fin un puerto a do llegar,
de mares, mi adorada,
puerta la de Alexandra,
que en ascuas de color el casco lamen...
y salvame mujer del cruel vejamen
que en aguas de dolor,
por falta de tu amor,
desnudo en mi estulticia fui a parar!
que en un beso se aleja ya la tarde.
Señora de mi ruego,
tengo sed de la flor de tu sosiego;
que mi vida en la sombra va cobarde
en su dolor a prisa
si ya no estás conmigo;
porque en mi soledad eres abrigo
de besos mil, mujer...
porque sin el milagro de tus ojos,
suplicante y postrado aquí de hinojos,
jamás podréte ver!
Regálame la paz de tu mirada,
que en la angustia me veo naufragar.
Toma el azul velamen
de esta mi fiel balandra,
y dadle al fin un puerto a do llegar,
de mares, mi adorada,
puerta la de Alexandra,
que en ascuas de color el casco lamen...
y salvame mujer del cruel vejamen
que en aguas de dolor,
por falta de tu amor,
desnudo en mi estulticia fui a parar!
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