Cartas de Sal
Llegaran mis cartas una tarde de Junio, llegaran con la lluvia necesitada de tierra, con las olas que buscan desesperadas la muerte en el borde de la costa. Las veras grabadas en el espíritu de esta ciudad, que no tiene nombre, porque lo he devorado pensando que era un suspiro.
Seguro llegarán mis cartas al anochecer, cuando el anima mundi llore, cuando los grillos con sus cantos te espanten el sueño, cuando las arañas de tus pesadillas desciendan de tu propio techo. Las veras en tu cuerpo, en tus manos blancas que parecen de difunto, en el brillar de tus ojos, incluso en las camas de todos los hogares, de todos los hoteles y moteles habidos y por haber, que retienen el sabor de litros de lágrimas.
Pero por qué razón esperas mis cartas, si son de sal, si son de recuerdos, recuerdos que el hado temeroso aventó al río, que no te pertenecen, que fenecen, que se pudren en mi alma y ensucian el aire, si cada una de ellas fueron escritas para el olvido, para el mal de amores, para que al llegar la mañana, al despertar, la letra impresa fuera borrada del papel como de mi vida, pero siguen allí, apostadas, sigilosas, calladas.
Yo quiero morir entre letras, entre carcajadas, con silencios de muerte, con un adiós de amante, con un beso tuyo, junto a la mar.
Lilus R.C
Llegaran mis cartas una tarde de Junio, llegaran con la lluvia necesitada de tierra, con las olas que buscan desesperadas la muerte en el borde de la costa. Las veras grabadas en el espíritu de esta ciudad, que no tiene nombre, porque lo he devorado pensando que era un suspiro.
Seguro llegarán mis cartas al anochecer, cuando el anima mundi llore, cuando los grillos con sus cantos te espanten el sueño, cuando las arañas de tus pesadillas desciendan de tu propio techo. Las veras en tu cuerpo, en tus manos blancas que parecen de difunto, en el brillar de tus ojos, incluso en las camas de todos los hogares, de todos los hoteles y moteles habidos y por haber, que retienen el sabor de litros de lágrimas.
Pero por qué razón esperas mis cartas, si son de sal, si son de recuerdos, recuerdos que el hado temeroso aventó al río, que no te pertenecen, que fenecen, que se pudren en mi alma y ensucian el aire, si cada una de ellas fueron escritas para el olvido, para el mal de amores, para que al llegar la mañana, al despertar, la letra impresa fuera borrada del papel como de mi vida, pero siguen allí, apostadas, sigilosas, calladas.
Yo quiero morir entre letras, entre carcajadas, con silencios de muerte, con un adiós de amante, con un beso tuyo, junto a la mar.
Lilus R.C