Sarah Valentina
Poeta que considera el portal su segunda casa
Al alcance de los dedos un roce que define,
que apuñala y encarcela los segundos;
lanza en ristre sobreviene el temor la invasión.
¿En qué momento dejó el tiempo de ser inexorable?
¿Cuándo se acobardó y dejó de ser eterno?
El silencio que mutualiza con mis días
despliega signos, vomita rosas ya sin cielo.
¿En qué preciso instante cambió de dirección el viento?
¿Cuándo se disfrazó mi aguerrida voluntad?
Retórica divaga mi mente como el alma misma,
desdibujada, inconsciente y en sobredosis incapaz,
me retracto del abismo esperanzada,
pero a veces
a veces congelo el sol y me lanzo a él,
colisionando el ayer con el presente,
atrapando un hoy que no me pertenece.
Confiésate inocente si inocente eres
¡ Maldito destino que yo misma construí !
Nado en el desierto del que piensa con los pies,
sepultada en el alud de los misterios.
¿En qué momento se le puso precio a los silencios?
¿A quién hay que pagarle la cuota por vivir?
Lo siento
soy la descendencia inútil de mis propios pasos,
del milagro en mi memoria que no me atrevo a dirigir.
Una pileta de aguamiel sin sentido ya sin rumbo;
la escollera que abrazaba convirtió mis ojos en fracaso.
Me expongo inminente al devenir implacable de la brisa.
¿Si se escucha el estruendo de mi mundo?
Nada para rescatar
Simplemente es la mentira cobarde de mi risa.
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