Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
Te guardaré el poema.
Cuando quedes sola ven, mujer, a mi casa...
Cuando te canses de llorar en tu soledad
puedes venir a enjugar tus lágrimas con las mías.
No hay abracadabras ni palabras mágicas
para opacar el dolor, la angustia del corazón olvidado.
Tú lo sabes, los helechos del recuerdo se avivan
y crecen como maleza en el alma.
Musgos hacen residencia en las miradas
y ni siquiera el roce de unas manos nos calienta.
Es que estamos muertos, aunque tú sonríes
cuando mi mirada se posa sobre tu pecho,
sin pretensión de admirar collares con crucifijos
con Cristo pasmado por la visión de tus pezones.
Cuando sientas la necesidad de un verso,
de ver burbujas en las palabras perdidas, ven a mí.
Yo te guardaré el trago más preciado, el más añejo,
el poema de la ruptura, el poema de la avalancha...
22 de Abril de 2009
Cuando quedes sola ven, mujer, a mi casa...
Cuando te canses de llorar en tu soledad
puedes venir a enjugar tus lágrimas con las mías.
No hay abracadabras ni palabras mágicas
para opacar el dolor, la angustia del corazón olvidado.
Tú lo sabes, los helechos del recuerdo se avivan
y crecen como maleza en el alma.
Musgos hacen residencia en las miradas
y ni siquiera el roce de unas manos nos calienta.
Es que estamos muertos, aunque tú sonríes
cuando mi mirada se posa sobre tu pecho,
sin pretensión de admirar collares con crucifijos
con Cristo pasmado por la visión de tus pezones.
Cuando sientas la necesidad de un verso,
de ver burbujas en las palabras perdidas, ven a mí.
Yo te guardaré el trago más preciado, el más añejo,
el poema de la ruptura, el poema de la avalancha...
22 de Abril de 2009
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