A veces una trata
de dar explicaciones a este mundo
Y era eso lo que más me sorprendía,
una Mujer de mediana edad, no muy bella,
que zanjaba los asuntos cotidianos con desapego,
bordeando la hipocresía y beatitud contagiosa;
me inculcaba lo saludable de la ensalada de lechuga
y al tiempo que la música de aquel saxofonista
era demasiada hermosa.
Imposible no estar de acuerdo
con su letra enajenada,
con su angustia por llevar a cabo esta vida
y lo acompañaba con el tamborileo
distraído de las yemas de sus dedos,
delgados y huesudos;
miseria y belleza al mismo tiempo,
manchados con tinta azul
a veces
o tinta negra otras, que le daba
ese toque de pintura modernista
o títeres de mi infancia en movimiento.
Azul o negro,
extrañamente iguales a la melancolía de la noche,
subían por su pulso y terminaban en sus ojos
que pocas veces me miraron;
y es extraño descubrir que pocas veces
nos mirábamos.
No es necesario respondía
conectando todos los espacios de la casa con su tronco largo,
de animal insatisfecho y siempre en fuga.
No es necesario,
no hay razones,
no hay explicaciones a lo que sentimos.
Vivir, vivimos enraizados en este suelo
y es mejor que sirvas ese vino
si no quieres que los momentos irrepetibles
se agríen antes de hacerlos nuestros.
Última edición por un moderador:
::Sí! Como dice cefalorraquídeo, hay que servir el vino!!!::
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::Es un gusto leer esos versos llenos de amor, pasión y ensueño
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