edelabarra
Mod. Enseñante. Mod. foro: Una imagen, un poema
Carta a mi hija
Querida Agustina:
Termina una etapa de tu vida y comienza otra quizás más importante, en la que yo ya no seré necesario, si es que lo he sido en alguna medida hasta ahora. Te quiero decir que siempre has sido lo que más he querido, junto con Lucía. Siempre has sido un motivo de orgullo para mí, incluído tu carácter polvorita y considero que es más lo que yo debí aprender de vos que lo que vos puedas haber aprendido de mí. Muchas veces te he sentido como la voz racional y azuzadora de mi propia conciencia, la cual está quizás un poco adormecida, pero también te quiero decir que a pesar de nuestra situación económica, me siento el padre más rico y que cuando te lleve del brazo al altar lo haré con la cabeza bien alta y sé que todos envidiarán mi suerte, no sólo por tu belleza física (diosa), sino por todos tus veintisiete años ejemplares, en los que sé que todos te han admirado y quisieran haber tenido aunque sea la mitad de tus virtudes. Siempre me gustó caminar por la calle al lado tuyo y de Lucía, para que me vieran los demás, quizás pecando de vanidad. Confío plenamente en que sabrás llevar adelante tu hogar junto a Nicolás, quien también me inspira confianza. Creo (pero no estoy seguro), que el matrimonio se construye en base a la tolerancia y el respeto mutuo, con una buena dosis de libertad. Van a ser duros los primeros días después de tu partida y la de Lucía, hasta que nos habituemos al nuevo esquema. Sólo me queda derramar sobre tí todas mis bendiciones de padre y desearte que cumplas tus sueños y proyectos junto a Nicolás, que se lo tienen bien merecido.
Tu padre que te adora.
Querida Agustina:
Termina una etapa de tu vida y comienza otra quizás más importante, en la que yo ya no seré necesario, si es que lo he sido en alguna medida hasta ahora. Te quiero decir que siempre has sido lo que más he querido, junto con Lucía. Siempre has sido un motivo de orgullo para mí, incluído tu carácter polvorita y considero que es más lo que yo debí aprender de vos que lo que vos puedas haber aprendido de mí. Muchas veces te he sentido como la voz racional y azuzadora de mi propia conciencia, la cual está quizás un poco adormecida, pero también te quiero decir que a pesar de nuestra situación económica, me siento el padre más rico y que cuando te lleve del brazo al altar lo haré con la cabeza bien alta y sé que todos envidiarán mi suerte, no sólo por tu belleza física (diosa), sino por todos tus veintisiete años ejemplares, en los que sé que todos te han admirado y quisieran haber tenido aunque sea la mitad de tus virtudes. Siempre me gustó caminar por la calle al lado tuyo y de Lucía, para que me vieran los demás, quizás pecando de vanidad. Confío plenamente en que sabrás llevar adelante tu hogar junto a Nicolás, quien también me inspira confianza. Creo (pero no estoy seguro), que el matrimonio se construye en base a la tolerancia y el respeto mutuo, con una buena dosis de libertad. Van a ser duros los primeros días después de tu partida y la de Lucía, hasta que nos habituemos al nuevo esquema. Sólo me queda derramar sobre tí todas mis bendiciones de padre y desearte que cumplas tus sueños y proyectos junto a Nicolás, que se lo tienen bien merecido.
Tu padre que te adora.
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::Besos estelares
