Qalat Chabir
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ayer los pliegues de unas sábanas limpias
descubrieron tu aroma.
Hay lugares en tu cuerpo donde florece
la espuma de un mar bravío y tempestuoso,
existen también ensenadas de arenas finísimas
donde poso mis alados besos de pirata sanguinario
para marcar el rumbo de vuelta a nuestra verdad sin tapujos;
existen en ti, tesoros mágicos que saqueo sin piedad.
Todo tu cuerpo es como un fortín
que quiero asaltar continuamente
para encontrarme inmenso de sensaciones
y conquistas apresuradas de selvas inhóspitas.
Tenía dudas de su existencia,
pero por fin ya he descubierto el paraíso;
es un tramo maravillosamente fantástico
que te pertenece y me pertenece,
de cautivador e inigualable oasis
donde me reconozco indefenso:
esas mieles tuyas que inventan mi instintos
más primitivos y salvajes.
No sé de dónde vienes,
y si te ha traído el destino
o toda la fuerza de un antiguo pensamiento
que a ritmo de lluvia primaveral
llama a voces por tus desfiladeros
o uno de aquellos sueños míos con puertas abiertas
al océano de inequívocas visiones.
Estás aquí ahora, a mi alrededor,
espléndidamente insinuante,
como una diosa romana me seduces y me rindo.
Eres mi amada, mi amante, mujer de mis ansias más recónditas.
Llueves y amaneces constantemente
sobre mis pupilas deseosas
de ser vencidas por encuentros feroces
en este otro lado de nuestras vidas.
descubrieron tu aroma.
Hay lugares en tu cuerpo donde florece
la espuma de un mar bravío y tempestuoso,
existen también ensenadas de arenas finísimas
donde poso mis alados besos de pirata sanguinario
para marcar el rumbo de vuelta a nuestra verdad sin tapujos;
existen en ti, tesoros mágicos que saqueo sin piedad.
Todo tu cuerpo es como un fortín
que quiero asaltar continuamente
para encontrarme inmenso de sensaciones
y conquistas apresuradas de selvas inhóspitas.
Tenía dudas de su existencia,
pero por fin ya he descubierto el paraíso;
es un tramo maravillosamente fantástico
que te pertenece y me pertenece,
de cautivador e inigualable oasis
donde me reconozco indefenso:
esas mieles tuyas que inventan mi instintos
más primitivos y salvajes.
No sé de dónde vienes,
y si te ha traído el destino
o toda la fuerza de un antiguo pensamiento
que a ritmo de lluvia primaveral
llama a voces por tus desfiladeros
o uno de aquellos sueños míos con puertas abiertas
al océano de inequívocas visiones.
Estás aquí ahora, a mi alrededor,
espléndidamente insinuante,
como una diosa romana me seduces y me rindo.
Eres mi amada, mi amante, mujer de mis ansias más recónditas.
Llueves y amaneces constantemente
sobre mis pupilas deseosas
de ser vencidas por encuentros feroces
en este otro lado de nuestras vidas.
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