AZIF-AL-DAHNA
Poeta adicto al portal
Claroscuro
Ni siquiera te imaginas cuanto en mí provocas.
Tú, la encarnación sublime de un suspiro en un ser,
la mirada más dulce en la faz de la Tierra,
la sonrisa intermedia entre niña y mujer.
Tú, la encarnación sublime de un suspiro en un ser,
la mirada más dulce en la faz de la Tierra,
la sonrisa intermedia entre niña y mujer.
Se estremecen los zarcillos de sombra en mi espalda
y se agitan como inquietos tentáculos bajo mis alas lustrosas.
Recordarte es una experiencia desquiciante,
pues verte a la cara...
¡es una agonía placentera!,
que, aunque no lo quiera,
me vuelve más adicto cada día
a la melancolía
de saberte como un sol inalcanzable;
una estrella en la galaxia más distante
y que brilla ignorante
del lugar en que se posan los destellos,
que sus ojos, tan bellos,
despiden cada vez que parpadea.
y se agitan como inquietos tentáculos bajo mis alas lustrosas.
Recordarte es una experiencia desquiciante,
pues verte a la cara...
¡es una agonía placentera!,
que, aunque no lo quiera,
me vuelve más adicto cada día
a la melancolía
de saberte como un sol inalcanzable;
una estrella en la galaxia más distante
y que brilla ignorante
del lugar en que se posan los destellos,
que sus ojos, tan bellos,
despiden cada vez que parpadea.
No lo sé, es una idea, o quizás un sentimiento vagabundo
lo que me hace verte fuera de este mundo,
en el cosmos profundo,
ataviada en sideral efimería.
lo que me hace verte fuera de este mundo,
en el cosmos profundo,
ataviada en sideral efimería.
Pudo ser una locura o rebeldía mi insensata porfía
de querer sacarle al sol una sonrisa,
un suspiro de tus labios en la brisa
y guardarlo de prisa,
la razón de dibujarte en claroscuro.
Proyectarte con la umbría te aseguro
no incluyó más conjuro
que el deseo de aliviarte de una pena,
que parece transformarte en luna llena
con un aura serena
que al incauto que la vea paraliza.
Y he de ser el más incauto pues me atiza,
me arroba y me hipnotiza,
dejándome en el limbo congelado,
cuando orbitas reluciente por mi lado
y me sé ya condenado
a no ser más que una sombra escurridiza.
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