ivoralgor
Poeta fiel al portal
Yerta la voz se filtra incansable en los vestigios del dolor. Las lágrimas se desploman agitadas por la tristeza. La noche conjuró un estridente destino para el calvario de las emociones. Coadyuvó la melancolía a la razón. Empiezo a entender los gritos que nacen en mi mente y se despilfarran en mi muda boca. La cabalidad ha desaparecido. Me queda un lánguido suspiro temeroso, casi hecho llanto doloroso. Necesitan mis ojos embriagarse con lágrimas insomnes. El dolor llega de muy dentro y se esparce en el torrente sanguíneo. El cansancio amputa las ideas lúcidas que pueda tener. Heme aquí socavando la inmundicia de la tristeza para hacerla más que un dolor. Nadie entiende esto que agita los deseos de sollozar hasta el cansancio. La depresión convulsiona en mi lengua, se arremolina en la garganta, se anuda a las letras. Estoy y no. Me siento triste. Espero que acabe el día antes de que la melancolía lo haga conmigo.
Anochece con el calvario a cuestas. Esa imagen insonora que vibra en mis dedos se hace ínfima cuando las lágrimas se depositan en ellas. Arden las heridas hediondas que supuran el mordaz desconsuelo. Nada parece dominar el dolor que se apresura en los surcos de la obsesión. Navegan cabizbajas las retóricas obscenas aludiendo un mar carmín de perdición. Una vez más necesito olvidar quién soy.
Anochece con el calvario a cuestas. Esa imagen insonora que vibra en mis dedos se hace ínfima cuando las lágrimas se depositan en ellas. Arden las heridas hediondas que supuran el mordaz desconsuelo. Nada parece dominar el dolor que se apresura en los surcos de la obsesión. Navegan cabizbajas las retóricas obscenas aludiendo un mar carmín de perdición. Una vez más necesito olvidar quién soy.