La Corporación
Poeta veterano
Siquiátrico Evaristo Corumelo,
12, Julio de año I de la Mar-Iguama
A Villa y a su roca,
a su reciclaje en porta romántico:
Compadre, nada mejor
que meterla en duro.
(poema basado en un hecho real)
Viernes fiel de San Mateo,
claman a duelo campanas,
la escarcha, esperma y luto
por Miguelón Follapavas.
Aquel muchacho lerdo,
preso de tierra y espinas
en su orgasmo de luna,
quedó novio de gallinas.
Preparó aquel evento
con celo de rapaz,
eligió la mejor ave
del corral, la más villana.
Cuando la oyó cacarear
decidió cual sería la desposada
pues era ya tiempo de celo,
Alexia la elegida se llamaba.
Sin rodeos le declaró su amor;
limpió y lavó a su amada
con maneras de monaguillo:
era ella la rosa destinada.
Y la llevó al acantilado
trotando a ritmo de vals,
clara se oía la orquesta
sólo para ellos tocaban.
Se acurrucaron bajo
una gran roca de mar,
la luna quería ser madrina
el viento su anfitrión.
Estaba la tierra tierna y jugosa
como pastel de novia
y al forzar su ano
un estruendo rasgó la noche.
Ella comenzó frenética
a mover las alas,
nunca se supo si por gusto
o por compostura de la dama.
Pero clemencia pedía
a la concurrencia con tan mala suerte,
que las vibraciones quebraron
su himen, la roca y la muerte.
De poco sirvió el techo
catedral de sus conjuros
para los amantes
que así quedaron en un apuro.
Y aquel diario local
dio cuenta de los enamorados,
como paradoja de la vida
así quedaron eternizados.
Doña Alexia y Miguelón,
tanto esfuerzo para tan mal resulado
¡mira que quedar en público
muertos y eyaculados!
DELIRIUM
12, Julio de año I de la Mar-Iguama
A Villa y a su roca,
a su reciclaje en porta romántico:
Compadre, nada mejor
que meterla en duro.
(poema basado en un hecho real)
Viernes fiel de San Mateo,
claman a duelo campanas,
la escarcha, esperma y luto
por Miguelón Follapavas.
Aquel muchacho lerdo,
preso de tierra y espinas
en su orgasmo de luna,
quedó novio de gallinas.
Preparó aquel evento
con celo de rapaz,
eligió la mejor ave
del corral, la más villana.
Cuando la oyó cacarear
decidió cual sería la desposada
pues era ya tiempo de celo,
Alexia la elegida se llamaba.
Sin rodeos le declaró su amor;
limpió y lavó a su amada
con maneras de monaguillo:
era ella la rosa destinada.
Y la llevó al acantilado
trotando a ritmo de vals,
clara se oía la orquesta
sólo para ellos tocaban.
Se acurrucaron bajo
una gran roca de mar,
la luna quería ser madrina
el viento su anfitrión.
Estaba la tierra tierna y jugosa
como pastel de novia
y al forzar su ano
un estruendo rasgó la noche.
Ella comenzó frenética
a mover las alas,
nunca se supo si por gusto
o por compostura de la dama.
Pero clemencia pedía
a la concurrencia con tan mala suerte,
que las vibraciones quebraron
su himen, la roca y la muerte.
De poco sirvió el techo
catedral de sus conjuros
para los amantes
que así quedaron en un apuro.
Y aquel diario local
dio cuenta de los enamorados,
como paradoja de la vida
así quedaron eternizados.
Doña Alexia y Miguelón,
tanto esfuerzo para tan mal resulado
¡mira que quedar en público
muertos y eyaculados!
DELIRIUM
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