iadra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Una última esquela al grito de las manos.
Una última nota antes
del homicidio de la pequeña intención
de rectificar camino.
Arma de boca humeante
apuntada directo al centro,
certero disparo
que hablará en la necropsia
de puntería presumible
y mano fría.
Diría en la carta una confesión,
puño y letra del asesino.
Proclamando silogismos de locura,
análisis del cuerpo y el delito
narrando ambigüedades planteadas
desde un incesto sin recodar,
petición de ser borrado en el obituario.
Un último grito sosegado por el llanto,
se volvió así la triste letra
en los labios de aquel que no sabe decir
más que yo soy o yo estoy
guardando para sí elogios y besos,
entregando al mundo regurgitados versos
de color púrpura misógino.
Pistola en los brazos como un niño,
acurrucada al pecho abierto
donde viene a descansar después
de haber hecho saltar los órganos
en unos cientos de unánimes pedazos.